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Recuerdos de un viaje a Roma

18 noviembre 2011

Recuerdo este viaje como si fuera ayer. Pero no lo es, de hecho fue el primer viaje fuera de España que hice, y también el primero en avión. Hace unos… 5 años. La visita no fue más que un fin de semana, aunque por todo lo que vi, ¡cualquiera lo diría!

Cuando llegamos a Roma tuvimos un pequeño problema, porque el hotel donde nos íbamos a alojar estaba ocupado y nos realojaron en otro. Lo cierto es que pasé un poco de miedo porque nos trasladaron en taxi, y los italianos conducen… Mmmm… Un poco temerariamente diría yo (en general). Al final, salimos ganando con nuestro nuevo hotel, ya que estaba al ladito del Coliseo. ¡Toda una suerte!

Coliseo de Roma
Coliseo de Roma

Así que lo primero que vi fue este monumento, considerado una de las siete maravillas del mundo. Con un aforo de 50.000 personas, antes acogía juegos y luchas de gladiadores; ahora, miles de visitantes de todo el mundo lo recorren a diario. Es curioso pensar que todos esos corredores y dependencias que había debajo de la arena y que hoy se ven a plena luz eran algo así como el backstage de los romanos que “trabajaban” en el anfiteatro.

Los alrededores del Coliseo también son muy bonitos. Ahí podemos ver el Arco de Tito, el Arco de Constantino y las ruinas de los foros romanos, un vestigio de lo que fue esta grandiosa ciudad en la antigüedad. Es impresionante la cantidad de años que han pasado desde que fueron construidos esos edificios, y que con todo lo que han sufrido aún queden algunos en pie y totalmente reconocibles, como es el caso de esta iglesia o templo que os pongo en la foto.

Roma
Un edificio del foro romano, casi intacto

En cuanto a la gastronomía de Roma… Qué os voy a decir. Soy una apasionada de la pasta. ¡Me encanta! Así que aproveché y en los dos días y medio que estuve alterné pizza y pasta, con algún que otro rico helado para paliar el calor que hacía (era pleno julio). Los mejores macarrones que he comido en mi vida fueron en un restaurante cercano al Coliseo, pequeñito, haciendo esquina. No me acuerdo del nombre, pero si algún día vuelvo a Roma, pienso buscarlo.

Siguiendo con nuestro recorrido turístico, vimos infinidad de pequeñas iglesias y capillas. Además, en uno de mis paseos encontré una iglesia (una de las Santa Marías, no sé cuál porque hay muchas y en su día no lo apunté), pequeña pero muy bonita, en la que pude disfrutar de un concierto de voces blancas.

Y de un sitio pequeñito a otro colosal e imponente: la Basílica de San Pedro del Vaticano. Tengo que admitir que me enfadé bastante porque, para entrar, me hicieron ponerme una camiseta de manga larga para taparme los hombros. Creo que ir de turista en verano y con una ropa decente (¿quién no lleva camisetas de tirantes en verano?) no es una falta de respeto ni mucho menos. Suerte que la llevaba, porque sino no hubiera podido ver el interior de la basílica. Pero bueno, enfados a parte, creo que es un sitio que merece la pena visitar, al margen de la religión. 

La típica pero inevitable foto de la Plaza de San Pedro del Vaticano

Subir 500 escalones a pie para llegar a la cúpula y ver las preciosas vistas de la Plaza de San Pedro… Es tonificante desde luego, y da mucho calor si es julio y te hacen llevar manga larga. Desde arriba se pueden contemplar las 296 columnas que sostienen la nada despreciable cantidad de 140 estatuas de santos, todas ellas de discípulos de Bernini, el encargado de levantar la Plaza. En el centro de la columnata, un obelisco egipcio de 40 metros de alto. Impresionante todo el conjunto.

Monumento a Vittorio Emanuele II

Qué más cosas vi… Ah sí, el Monumento a Vittorio Emanuele II. Está situado en la Plaza Venecia, y fue construido para celebrar la unificación italiana. Y por supuesto, no podía olvidarme de mencionar la Fontana di Trevi. Tengo que confesar que no me pude resistir a echar una monedita y pedir un deseo :) La única pega que veo yo a esa fuente es que está en una plaza muy pequeña y que las aglomeraciones (sobre todo de turistas) son bastante agobiantes. Pero claro, hay que tener en cuenta que son 26 metros de largo por 20 metros de ancho… Vamos, que no es cualquier cosa.

Por último destacaré el Panteón, que viendo las fotos de mi viaje he descubierto que no fui capaz de coger ni una foto que mereciera la pena. Qué triste, aunque me consuelo pensando que cuando vuelva podré hacer una buena. El Panteón está justo enfrente de la Piazza della Rotonda, y se puede acceder al interior (cosa que tampoco hice, es lo que tienen los viajes express).

Me quedaron muchas cosas sin ver (Castel de Sant Angelo, Iglesia de Sta. María la Maggiore, la Piazza de la Repubblica…), así que espero poder volver algún día a disfrutar de esta ciudad italiana. Hasta aquí lo que se daba. Iré pensando cuál será mi siguiente destino. ¡Feliz fin de semana!

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