Tren de Felipe II: otra forma de viajar a El Escorial

12 noviembre 2018


Si quieres viajar hasta El Escorial de una forma diferente, el tren de Felipe II puede ser una buena opción. Circula durante todo el año, partiendo desde la madrileña estación de Príncipe Pío, y puedes elegir entre diferentes excursiones para visitar la ciudad donde se encuentra el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial.


Hace unos meses participé en un sorteo y me tocaron un par de billetes para viajar en el tren de Felipe II, así que aproveché la excusa para volver a San Lorenzo de El Escorial y visitar el interior del monasterio, que no había pasado nunca. El pack que me correspondía era el llamado “Travesía”, el más básico. Cuesta 22€ y tiene incluido lo siguiente:
  • Viaje ida y vuelta en este tren histórico desde Príncipe Pío.
  • Traslado en autobús desde la estación de El Escorial hasta el pueblo de San Lorenzo, donde está el monasterio.
  • Una consumición para gastar en la cafetería de la estación de autobuses de San Lorenzo.

Los demás paquetes incluyen lo mismo que este pero le sumas la entrada al monasterio, la visita a los jardines o el paseo por la Herrería. Nosotros como íbamos con el billete regalado lo complementamos con una visita guiada al Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial (o sea, lo que conocemos como monasterio). Ya os hablaré en un post aparte de esa visita, pero te recomiendo encarecidamente que te gastes los 14€ que cuesta, porque es genial. Son 10€ de entrada general más 4€ de la guía.

Fotografía de mi visita en 2011

A lo que iba, que es contar mi experiencia en el tren. Cuando llegamos a Príncipe Pío la zona de donde salía el convoy hacia El Escorial estaba a rebosar, porque te citan unos 20 minutos antes. Cuando empiezan a dejar pasar, presentas tu entrada y te ponen una pegatina en la chaqueta para identificar el pack que has comprado. Te indican la vía a la que tienes que ir, y allí Felipe II te da los buenos días.


Nosotros nos situamos a la altura del coche 3, que era el que nos habían asignado, y esperamos a que alguien nos indicara qué hacer. Ese alguien fue el mismísimo Felipe II, que, encaramado a la puerta justamente del coche número tres, nos da la bienvenida y hace algunos chistes como que no va a morir de gota, enfermedad que realmente contribuyó a llevarle a la tumba. El actor lo hacía bien, pero por meterse tanto en el papel del siglo XVI al pobre no le daban ni micrófono, y aunque impostaba bien la voz, me daba pena que tuviera que estar ahí hablando por encima de todo el jaleo.

El monarca nos da la bendición para subir al tren y pasamos a buscar nuestros asientos. Teníamos el 14 y el 18, que en contra de lo que pueda parecer, iban juntos, uno al lado del otro. El tren está dividido en compartimentos de 8 personas, y tuvimos suerte de que nos tocó con una familia súper agradable.


Los asientos eran cómodos (más que los del Tren de la Fresa) pero también seguían en la línea del siglo XVI y la calefacción brillaba por su ausencia, así que pasamos los 50 minutos de trayecto hasta El Escorial sin quitarnos el abrigo. A todo esto, conste que el tren es una locomotora con vagones del siglo XX, que Felipe II era trasladado de Madrid a El Escorial en una silla porteada por personal de su corte…

En el viaje no hay animación, tan solo aparece el rey (al que apodaban “El Prudente”) para ver qué tal vas y darte una piruleta y un folleto con los restaurantes adscritos a la actividad. Hoy me pregunto si tal vez deberíamos haber interactuado más con él pero, la verdad, con el frío no me apetecía más que llegar.



Cuando bajas del tren, en la Renfe de El Escorial, te organizan en varios autobuses y te llevan hasta la estación de bus de San Lorenzo de El Escorial, donde deberás estar a la hora que te indican para volver a Madrid. En nuestro caso, los horarios del día quedaron así:
  • 10h: llegada a Príncipe Pío.
  • 10:20h (aproximadamente): entrada al Tren de Felipe II.
  • 11:30-11:45h: llegada a El Escorial, distribución en buses y llegada a San Lorenzo.
  • 11:45-16:15h: tiempo libre.
  • 16:15h: regreso a la estación de El Escorial.
  • 17h: vuelta a Príncipe Pío.

DÓNDE COMER/NO COMER

Antes de ir al monasterio, tomamos algo en el Bar “Tan RicaMente”, al lado de la estación de buses, y mereció mucho la pena. Fueron 12€ dos pinchos de tortilla, un café, un refresco y unas patatas revolconas con torreznos. Riquísimo, con un trato excelente, y nos sirvió para pasar el día bien, porque no nos dio tiempo a comer hasta las 16h.


Si tienes que comer de bocadillo, no lo compres en el bar de la estación de buses, porque nos costó 4€ cada bocata de lomo con queso y no nos gustó. Lomo soso, con un queso pastoso y todo medio fuera del pan.

*                                   *                                  *

En definitiva, el tren de Felipe II me decepcionó un poco, a lo mejor también porque lo comparaba con el de la Fresa, que me resultó más animado y organizado todo. Espero que te haya resultado de utilidad el post, y si has estado o vas a estar, me encantaría que compartieras conmigo tu experiencia o tus dudas.

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Octubre en imágenes

04 noviembre 2018

¡Hola viajero!

Se va notando el peso del trabajo y la rutina, por lo que el mes de octubre viene un poco flojo de imágenes. Espero poder solucionarlo en noviembre 😊 Sin más, que hoy no estoy muy inspirada... Te recuerdo que me puedes seguir en  FacebookTwitterInstagramYoutube y Google + 😃 si no lo haces ya, y si te ha gustado el post, te animo a que lo compartas en las redes sociales.



¿Te has disfrazado por Halloween?

 Rutina

Madrid ha estado decorada con 
algunos escenarios de Harry Potter


Aprovechando el buen tiempo en El Retiro 


Mi perrito Coco, descansando

Nao San Juan: visitando las tripas de un ballenero vasco

29 octubre 2018


Había una vez, allá por el siglo XVI, un ballenero llamado San Juan que partía desde Pasaia, en el País Vasco, hacia Terranova. Llenó su interior con miles de barriles de grasa de ballena, pero su historia acabó ahí. No consiguió llegar a puerto, y el galeón pereció, con su barriga llena, en Red Bay. Parte de su carga fue rescatada, pero aún así, fue un gran desastre ecológico.


Ahora, en pleno siglo XXI, Albaola La Factoría Marítima Vasca está construyendo una réplica de este impresionante ballenero, tal y como se hacía entonces. ¡Y puedes visitarlo! La reconstrucción se está haciendo en Pasaia, una localidad a menos de 10 kilómetros de San Sebastián, y visitar la Factoría (Museo + Ballenero) cuesta 7 euros.


Aparcamos el coche a unos 10 minutos del museo, que, por cierto, se encuentra ubicado en un entorno precioso. Una vez en el interior, nos avisaron que había una charla en castellano a determinada hora, por si queríamos asistir. Tuvimos mucha suerte, porque cuadramos la visita al museo y al acabar escuchamos la charla, pero si no hubiéramos acabado la visita, podríamos haberla continuado después.




El museo me pareció súper interesante, con un montón de datos curiosos sobre el San Juan. Para construir un barco como ese podían ser necesarias entre 3 o 4 toneladas de clavos, un ancla de casi 500 kilos o unas velas de 80 metros cuadrados. ¡Increíble! Además, nos enteramos de los precios que se pagaba por barrica de grasa de ballena: al cambio, hoy serían entre 3.000 y 8.000 euros. No está mal, ¿no? No quiero contar más para que te animes a verlo con tus propios ojos.



Otra cosa que me pareció un detallazo fueron los carteles explicativos. Había de dos tipos: de adultos en varios idiomas (euskera, castellano y creo que inglés, francés y alemán) y de niños. Las explicaciones de los carteles de los pequeños de la casa estaban, por supuesto, a su altura, y además la historia se la contaba Txo, con palabras más sencillas.


Lo último que nosotros vimos fue la réplica del ballenero, aún en construcción. Aunque cabría pensar que ahora, con tanta tecnología y tantos avances respecto al siglo XVI deberíamos construir más rápido esta réplica, lo cierto es que no. En la época tardaban entre 6 y 8 meses en construir un ballenero, y hoy se está demorando el asunto a unos 6 años. Pero claro, no puede compararse la dedicación y el personal que había antaño dedicándose a construir el barco con los recursos que se emplean hoy.


En unos años está previsto que finalice la construcción y que el San Juan vuelva a navegar hasta Terranova, que no es otro lugar que la actual Canadá. A la salida preguntamos qué había que hacer para ser un tripulante del nuevo San Juan, y dijeron que ya estaba más que cubierta… Creo que hasta había lista de espera.

Espero que te haya gustado el post, y que me cuentes tu experiencia si has estado, o si te han dado ganas de ir y de enrolarte en la tripulación. Te recuerdo que me puedes seguir en  FacebookTwitterInstagramYoutube y Google + 😃 si no lo haces ya, y si te ha gustado el post, te animo a que lo compartas en las redes sociales.

Restaurante “2 Valdeses” (Torrelavega)

22 octubre 2018


Este verano llegué a Torrelavega, en Cantabria, a la hora de comer. Era domingo, y estábamos desesperados por encontrar un sitio donde comer, donde además, a ser posible, no nos quitaran un ojo de la cara por un menú. Después de dar infinidad de vueltas, llegamos de casualidad a 2 Valdeses, en la Calle Augusto González Linares, 26.


Nos atrajo que el menú, para ser domingo, costaba solo 16€ con la bebida incluida, y además tenían infinidad de platos para elegir. Entramos y tuvimos la suerte de coger la última mesa, y a pesar de estar lleno hasta la bandera, nos atendieron muy rápido.



Nos explicaron que la carta estaba en varios colores porque había dos tipos de menú, uno más caro y otro –el de 16€- más barato. Lo que variaba era la cantidad de platos que entraba en cada uno, pero aún cogiendo el económico, había muchísimos y muy originales.


Finalmente nos decidimos por pasta marinera y carpaccio de tudanca (un tipo de vaca de Cantabria) con lascas de parmesano. ¡Delicioso! De segundo unas carrilleras en salsa y un hojaldre de solomillo con patatas paja y champiñones. Todo para chuparse los dedos, y además el tema de mis montones de alergias lo llevaron genial, informándome con todo detalle de los ingredientes. Esto parece que debería ser lo normal, pero ya te aseguro que no lo es en absoluto… Lo normal es que te miren como una loca que no quiere comer algo porque no le gusta o porque no quiere engordar.


De postre (estoy salivando mientras preparo este post) mi novio pidió una porción de tarta de hojaldre, típica de Torrelavega, y yo leche frita. De verdad, pocas veces en mi vida he comido en un sitio con una comida tan rica, que se sale algo de lo normal (no son los típicos macarrones boloñesa, ensalada mixta y filete con patatas) y con un trato tan estupendo.


Pagamos los dos menús con todo el gusto del mundo y, aunque ya no volvimos en todas las vacaciones por allí, tengo claro que en cuanto vuelva a pisar Torrelavega volveré a ir a ese restaurante. Como dato, el menú cuesta lo mismo todos los días de la semana, y si tienes claro que vas a ir, sobre todo en fin de semana, llama para reservar, porque si no lo mismo no tienes sitio.

¿Has estado alguna vez en este restaurante? ¿Te gustaría probarlo? ¡Cuéntame! Te recuerdo que me puedes seguir en  FacebookTwitterInstagramYoutube y Google + 😃 si no lo haces ya, y si te ha gustado el post, te animo a que lo compartas en las redes sociales.

Jardines del Real, Valencia

16 octubre 2018

¡Hola viajero! 

El otoño se adueña ya de nuestros días, y con él, el trabajo y a veces la falta de tiempo. Al menos a mí me pasa, que septiembre me lleva a un mes de octubre de no parar, un bucle sin fin de actividades, y acabo saturándome. 



Y para evadirme, una de las actividades que más me gusta es ir a algún jardín a pasear, por eso hoy he elegido enseñarte los Jardines del Real, en Valencia. A mí no me pillan cerca (por desgracia) pero, si los tuviera al lado, sin duda me escaparía más de una y más de dos veces. 


Para llegar lo hice paseando por el Turia, entrando por la puerta más cercana al Museo de Bellas Artes que hay. Yo los visité en pleno verano, botella de agua en mano, caminando de sombra a sombra, y aún con estas condiciones climatológicas, me encantaron.


Unos 2.800 ejemplares arbóreos y casi 170 especies botánicas diferentes hacen de estos históricos jardines -también conocidos como Jardines de Viveros- un rincón único en Valencia. El encanto reside no solo en su vegetación, también en la cantidad de esculturas que alberga, escondidas entre árboles y arbustos. 

Además, en su corazón podemos encontrar el Museo de Ciencias Naturales, que tiene un precio apto para todos los bolsillos (2€ la entrada general).



Como te digo, yo los visité con 40 grados, pero seguro que ahora, con una temperatura más humana y con los colores del otoño, tienen que estar absolutamente arrebatadores. ¿Tú has estado? Te recuerdo que me puedes seguir en  FacebookTwitterInstagramYoutube y Google + 😃 si no lo haces ya, y si te ha gustado el post, te animo a que lo compartas en las redes sociales.

Septiembre en imágenes

01 octubre 2018

¡Hola!

Después de un par de meses de ausencia de esta sección, "En imágenes" vuelve al blog 😊📷 El verano me tuvo entretenida, así que hasta ahora no he podido resucitar la sección. 

Espero que este nuevo curso me deje tiempo suficiente para actualizar unas cuantas veces el blog... También te recomiendo que me sigas en Instagram, que voy a empezar con las semanas temáticas, dedicando algunas semanas al mes a cosas concretas de mis viajes: castillos, animales, paisajes, ciudades... 

¡Por ahí te espero! ¡Feliz mes de octubre!


Castillo de Manzanares el Real 


Casa de Hypolytus, en Alcalá de Henares

En agosto me hice un poco más viejita, 
y septiembre ha sido el mes de celebrarlo 


Tienda de Telefónica en la Gran Vía, 
con exposición Marvel 

Ruta por Manzanares el Real

GEO-RUTA 1: Ocentejo – Hundido de Armallones

24 septiembre 2018

¡Buenos días, viajero!

A petición popular por las encuestas que hago en instagram, hoy publico este post sobre una ruta. Concretamente, una que parte de Ocentejo –Guadalajara, España- y que llega hasta el Hundido de Armallones. ¿Te suena? Este trekking forma parte del Parque Natural del Alto Tajo, y ese nombre tan curioso de “Hundido de Armallones” se debe a un gran desprendimiento que hubo en ese tramo del cañón del río.


La ruta es de ida y vuelta, y tiene unos 8 kilómetros de longitud en total, lo que se traduce en unas 2 o 3 horas a pie, dependiendo del ritmo que lleves. A nosotros, haciendo alguna parada para hacer fotos o beber agua, nos llevó unas 2 horas. La dificultad es baja.

Para empezar, debemos llegar a Ocentejo, un pueblo de la alcarria que se encuentra a unos 100 kilómetros de Guadalajara capital y 160 de Madrid. Allí aparcaremos el coche para continuar a pie. Antes de comenzar la ruta encontramos un puesto de información, que cuando nosotros fuimos en julio, entre semana, estaba cerrado.


En general, la señalización me pareció regular. Aunque es cierto que casi todo el rato es el único camino y no tiene pérdida, hay un cruce –por el principio de la ruta- en el que tienes que ir a la izquierda y no está indicado… Yo lo sé porque lo leí en un blog y me fié, ¡menos mal!

El primer tramo es el más aburrido, ya que transcurre por un camino de tierra que, además, si vas en verano, está plagado de saltamontes pequeños (yo me moría de asco). Lleva gorra o algo para protegerte del sol, porque no hay mucho para cobijarse en el primer tramo.


A lo largo del sendero vas encontrando paneles informativos, que a veces están un poco escondidos. La segunda parada -la primera realmente interesante- se llama Los cuchillares, nombre que toma de la forma de las rocas, dispuestas de una forma vertical muy escarpada.



La tercera parada, llamada Anatomía de un cañón, es la que nos va a permitir ir viendo la maravilla de camino que se ha ido abriendo el río Tajo a lo largo de los tiempos, aunque no es hasta un poquito después cuando veremos bien lo que es el hundido.

Yo tenía todas mis esperanzas puestas en la parada cuatro, llamada Una cascada de piedra; sin embargo, a la ida ni siquiera encontré el panel informativo que la señalaba, y mucho menos nada parecido a una cascada. Es verdad que en pleno mes de julio tampoco tenía muchas expectativas, pero es que ni encontré el cartel (spoiler: a la vuelta fui más atenta y sí lo vi, está un poco escondido pero está).



La parada número cinco es la que da nombre a la ruta, El hundido. Desde aquí vemos las aguas turquesas del Río Tajo, y las enormes rocas que quedaron allí tras el desprendimiento, que llegaron a cortar totalmente el río.

La ruta continúa hasta la parada seis (Detalle de un pliegue), donde podemos ver el proceso de plegamiento de las rocas. No sabía lo que era un plegamiento, así que lo he mirado en la RAE y es “Efecto producido en la corteza terrestre por el movimiento conjunto de rocas sometidas a una presión lateral”. Por si os aclara algo.



Después de esta parada, la ruta se acaba. Nosotros llevamos agua, bocadillos y picoteo, y paramos a descansar a orillas del río, antes de iniciar la vuelta. Habíamos leído en algunos blogs que podías bañarte en algunas pozas o remansos que hay en el río, pero nosotros no encontramos ninguno adecuado, así que nos quedamos con las ganas.


Para volver a Ocentejo debemos hacerlo por el mismo camino que hemos ido, con los mismos saltamontes, ¡puaj! Y es que de verdad era exagerado, mi novio iba delante y parecía Moisés abriendo las aguas pero con esos pequeños insectos saltarines.

Cuando llegamos al pueblo tomamos algo en el bar de la plaza, y descansamos un poco en el coche para seguir hasta Arbeteta, el pueblo de Mambrú.

¿Qué te ha parecido la ruta? ¿La conocías? La verdad es que el Parque Natural del Alto Tajo es una pasada, y hay un montón de rutas que descubrir. 

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