20 octubre 2014
¡Buenos días! Hoy os voy a hablar del albergue donde estuve alojada en Regensburg (Ratisbona, en español), Alemania. Mi
hermana se ha ido a estudiar allí y mientras le daban la residencia, cogimos
este albergue, el Brook Lane Hostel.
DÓNDE ESTÁ
Situado en el centro de Regensburg, está a unos 10 minutos
andando desde la estación principal (Regensburg Hauptbanhof). Es muy sencillo
llegar, os voy a dejar las instrucciones aquí:
- Bajas del tren y sales del andén dirección centro de ciudad (la otra salida es un centro comercial)
- Sigues esa avenida ancha de frente, y llegas a Maximilian Strasse, una calle grande, aparentemente peatonal (que no lo es, cuidado) y ahí tienes que fijarte y girar a la izquierda en la calle Grasgasse. Sigues esa calle recta.
- Llegarás a una que ya no puedes seguir recta: esa es Ober Strasse, la calle del albergue. Giras a la derecha y ahí, con un cartel amarillo está la “recepción” del albergue.
Esa recepción es una tiendecilla de alimentación, y ahí es
donde tienes que recoger las llaves y pagar. La chica que nos atendió fue muy
amable y nos habló en inglés, así que todo bien. La entrada a las habitaciones
está un par de puertas a la derecha de la tienda, al lado de una tienda de
fotos.
INSTALACIONES
Habitaciones: dado que llevábamos el equipaje para un año
(literalmente), preferimos coger una habitación doble, que aunque es un
albergue existía esa opción. Teníamos muchas cosas que dejar y una habitación
compartida no nos daba toda la confianza que nos gustaría. Nuestro cuarto
consistía en una habitación más o menos amplia (que yo viendo las fotos de la
web pensé que sería un zulo), con una cama doble (con ropa de cama incluida),
un armario, una estantería y una mesita. La luz es un poco molesta, de estas
más o menos tenues, de una bombilla en el techo. En la cama teníamos una
lamparita colgada del cabecero pero no tenía bombilla. Daba a un patio
interior, así que entre eso y que en Alemania no es que luzca un sol espléndido
todos los días, pues no era una habitación muy luminosa.
Baño: es un baño compartido, normal, como pueda ser el de tu
casa o la mía. Con esto me refiero a que no es el que suele haber en los
albergues con un montón de duchas y váteres. El baño lo compartíamos entre 3
habitaciones nada más, las que hay en la segunda planta. En el precio del
albergue se incluyen las toallas, un par grandes y un par pequeñas. El baño
está muy limpio, lo malo que tiene este sistema es que si te toca algún pesado
o pesada… A aguantarse. En nuestro caso nos tocó con un par de chicas asiáticas
al lado y las tías se pasaban con el baño ocupado desde las 6 de la mañana,
¡qué suplicio!
Cocina: enfrente de la habitación estaba la cocina, también
compartida, claro. El café y té son gratis, pero hay que prepararlo y si te
gusta con leche te la tienes que comprar. Total, que nosotras nos compramos
unos sobrecitos de café soluble y un
litro de leche y listo. La cocina está equipada no muy bien para mi gusto.
Cuenta con un cazo pequeño y mohoso, una cacerola inmensa, una sartén también
grande, cubiertos, cafetera, tostadora, vasos y poco más… Yo que soy muy
escrupulosa pues lo paso un poco mal cuando las cocinas no están en
condiciones. Además, la basura la sacan una vez a la semana y se va acumulando
ahí a lo largo de los días. Extrañamente no había mal olor, pero aún así es un
asco.
Zonas recreativas: no tiene. Solo un mini salón que hay
entre la habitación y la cocina, que viene a ser como un descansillo con un
sofá.
PRECIOS
A nosotras nos costó 310€ de jueves a miércoles, es decir, unos 50€ la noche (aproximadamente). Bueno, no es lo más barato del universo pero teniendo en cuenta que estaba céntrico y que era una habitación doble, ni tan mal. Supongo que los precios variarán, porque también eran fechas de Oktoberfest y tal vez subió un poco por eso.
VALORACIÓN PERSONAL
La puntuación que le doy al albergue es de
7,5/10. Le he quitado esos puntos por las siguientes razones:
- Porque la cocina para mí es muy importante que esté en buenas condiciones, y aparte de con los cacharros en un estado más bien malo, la equiparía mejor, con algún cazo y sartén de un tamaño mediano.
- Porque la habitación número 9, que era en la que estábamos, tenía como un ventanuco encima de la puerta y entraba la luz del pasillo. Normalmente estaba apagada, pero si entraba alguien y la dejaba encendida así se quedaba, a no ser que saliéramos nosotras a apagarla.
- Porque, aunque el wifi más o menos funcionaba bien, había que reconectarlo cada 30 minutos y es un tostón. Para acceder yo tenía que meterme en la aplicación de internet de mi móvil y ahí me salían 3 opciones. Tenía que darle a la del medio que era algo así como entrar sin registrarse.

