17 junio 2014
Hace ya un par de años que el viaje del verano volvía a ser Alemania, y uno de los sitios que había previstos en la ruta era el nacimiento del Danubio (era un viaje con la banda de música, por lo que estaba todo organizado).
No se tú qué te imaginas, pero a mí cuando me dijeron que íbamos a visitar el nacimiento del Danubio me imaginaba algo, cuanto menos, espectacular. Algún bonito paraje del tipo de las cataratas de Todtnau o algo así, mínimo. El caso es que después de visitar las cataratas del Rin llegaba con las expectativas muy altas, y cuando el bus paró en Donaueschingen y nos dice que ya hemos llegado... Miro a mi alrededor y no veo nada que me sugiera ese paraje idílico que imaginaba.
Pensaba para mí: bueno, ahora nos llevarán por un camino de estos que aparece de la nada y va hacia un bosque y ahí estará el nacimiento del Danubio (yo toda empeñada en que nacía en un bosque). Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El nacimiento del Danubio se simboliza con la Donauquelle, la Fuente del Danubio y en aquel momento se me rompía en mil pedazos mi paisaje imaginado: imaginad 200 personas queriendo ver la dichosa fuente y hacer fotos, y descansar, y tirar monedas, y, y, y... Pues así me pasó. Que me llevé un chasco de lo más grande.
La fuente no es fea, vista así sola sin las 200 personas que os comento; aún así... No creo que merezca la pena darse el paseo solo para eso. Si os pilla de paso, sí, es un sitio más que visitar. Pero ya os digo que para mí ha sido mi mayor chasco viajero hasta el momento. Y para ti, ¿cuál ha sido tu mayor chasco viajero? ¿Conocías el nacimiento del Danubio?
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