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Tierpark Hellabrunn (Múnich): mi último zoo

29 mayo 2016

Hoy os voy a proponer un plan que podéis hacer en familia en vuestra visita a Múnich. Un plan que, personalmente, no voy a volver a repetir: ir a un zoológico. En este caso, os hablo del Tierpark Hellabrunn.

Tierpark Hellabrunn (Múnich)

Adoro a los animales, sé que no deben estar en zoos y mucho menos en circos y antros de ese estilo, pero lo confieso: alguna vez he ido a alguno. Es cierto que no todos los parques de animales son iguales, y seguramente en algunos casos hasta hagan una buena labor criando y reproduciendo especies que, de otro modo, irían directas a la extinción. Sin embargo, los osos polares me hicieron cambiar de idea.

Tierpark Hellabrunn (Múnich)

Antes de seguir con la historia, algunos datos prácticos del Tierpark Hellabrunn:
  • Dónde está: Tierparkstr. 30, München (Múnich)
  • Cómo llegar: en su web indica cómo llegar en diferentes medios de transporte público o en coche.
  • Cuánto cuesta: la entrada general cuesta 14€, aunque hacen descuento con el carnet de estudiante aunque no sea alemán.

Tierpark Hellabrunn (Múnich)

Nosotros no teníamos nada que hacer en Múnich, ya habíamos visitado la ciudad y el Oktoberfest, y visitar el zoo nos pareció un plan interesante y no muy caro. ¡Iba a ver osos polares por primera vez en mi vida!

Tierpark Hellabrunn (Múnich)


Paseamos, vimos el zoo -no era muy allá, las instalaciones eran un poco pobres- y, por fin, llegamos donde estaban los osos polares a los que tanto ansiaba ver (los osos, en general cualquier tipo, son mis animales favoritos). En mi cabeza estaban esas criaturas blancas, majestuosas, que caminan por el hielo y la nieve en el Ártico.

Tierpark Hellabrunn (Múnich)

Sin embargo, el animal que me devolvía la mirada allí a lo lejos, a través del cristal, era un pobre oso amarillento que ni siquiera caminaba por el hielo. Podría afirmar que es de los animales más tristes que he visto en mi vida. Así que, aquel día en Múnich, quedé con aquel osito polar en que no volvería a ir a un zoológico.

  • NOTA DEL 02.01.2024: he borrado los post de zoológicos, salvo este porque es como el detonante de que no volveré. A día de hoy, ruego encarecidamente no realizar actividades que impliquen animales.

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Walhalla, un pedacito de Grecia en Regensburg

12 agosto 2015

Uno de los lugares que debes visitar si vas a Regensburg o si estás por los alrededores es el Walhalla. Este monumento de estilo clásico (está inspirado en el Partenón de Atenas) se sitúa a las afueras de Regensburg, y puedes llegar a él fácilmente desde el centro de la ciudad.

Walhalla


¿Cómo llegar desde Regensburg? 

Coge el bus nº 5 que sale de AlbertStraße y pide un ticket sencillo hasta Walhalla ("einzel ticket für Walhalla, bite"). El precio es de 3€ (solo ida) y entre semana los buses pasan cada 20 minutos, aproximadamente. También puedes ir al Walhalla en barco, donde el paseo será mucho más bonito que en el bus pero también más caro (por eso yo fui en autobús…).

Walhalla


Tras media hora de viaje llegas a WalhallaStraße, y allí puedes elegir dos formas de subir hasta el monumento: una es por un camino que atraviesa el bosque, y la otra es por un camino más soso pero que se tarda algo menos. Yo elegí subir por el bosque y bajar por las escaleras del Walhalla. Recomiendo que lleves calzado adecuado -deportivas, botas de trekking-, aunque, en cualquier caso, el ascenso es sencillo.
  • Consejo: antes de subir, mira los horarios del bus de regreso que hay en la parada de enfrente de donde bajas. Si no, tal vez tengas una sorpresa desagradable. Nosotros, por ejemplo, si no cogíamos el bus de las 19:40h no teníamos otro hasta las 21h.

Walhalla

Walhalla


Una vez arriba descubrirás ese templo de nombre de la mitología germana que, por muchas fotos que yo te ponga aquí, te hará soltar una exclamación de asombro ante él. Admira cada rincón, cada columna, cada estatua. Y después, tómate tu tiempo para sentarte y embelesarte con la inmensidad del Danubio.

Walhalla
El Danubio, visto desde el Walhalla

El día que yo fui tuve una suerte increíble, ya que se había pasado el día lloviendo a mares y justo antes de salir hacia Walhalla, empezó a salir el sol, dejando el atardecer que veis en las fotos. En el interior del monumento hay un museo de bustos de personalidades importantes, cuyo precio es de 3 o 4€. Yo no pasé, así que no puedo decirte qué tal está. ¿Tú has estado?

Es un sitio que tarda poco en verse (en media hora puede estar visto), depende de la tranquilidad que lleves y lo que te apetezca hacer. Por la zona hay senderos para hacer en bici, y puedes hacer picnic por allí.


¿Qué te ha parecido este lugar? ¿Lo conocías? ¿Irías a visitarlo? Te recuerdo que me puedes seguir en FacebookTwitterInstagram y Youtube 😃 si no lo haces ya, y si te ha gustado el post, te animo a que lo compartas en las redes sociales pinchando en uno de los botones de aquí abajo ↓

Regensburg, la única superviviente medieval alemana

30 abril 2015

Regensburg, o Ratisbona si lo traducimos, es una ciudad al sur de Alemania, situada en la región de Baviera y a unos 150 km. de Múnich. Antes de que mi hermana decidiera irse allí de Erasmus, no había oído hablar de este lugar, y he de decir que ha sido todo un descubrimiento. Gracias a que apenas fue dañada en la Segunda Guerra Mundial, podemos disfrutar hoy de la única ciudad medieval que se conserva en Alemania. Es un buen destino si tienes pensado visitar Múnich, ya que están muy bien comunicados entre sí.

Regensburg


Regensburg

No es una ciudad muy grande, y es fácil orientarse por allí. Nosotras cuando fuimos nos alojamos en el Brook Lane Hostel, situado en pleno centro, desde donde podíamos ir caminando casi a cualquier sitio.

La primera noche que llegamos dimos una vuelta por el casco histórico. Cenamos una hamburguesa, cogimos un café para llevar (que ya hacía frío y necesitábamos calentar el cuerpo) y pusimos rumbo al Danubio. Tuvimos un primer contacto con un Regensburg oscuro, nocturno, tranquilo. De camino al río nos cruzamos con su imponente catedral, a la que volveríamos por el día.

Regensburg


Llegamos al Danubio. Por mucho que el señor Johann Strauss se empeñara en llamar a su famosísimo vals "An der schönen blauen Donau" (algo así como el bello Danubio azul), este río no es azul se mire por donde se mire. Por suerte, la belleza de las ciudades por las que pasa hacen que este sea un detalle sin importancia, y que disfrutar de un paseo a orillas del Danubio sea siempre bonito y relajante. Aunque su nacimiento es uno de los mayores chascos que me he llevado "viajeramente" hablando, aquel café que tomamos sentadas contemplando la oscuridad e inmensidad del río fue de mis cosas favoritas. Lo acabamos y volvimos al hotel.

Regensburg
Fotografía gracias a mi hermana Carolina

La semana siguiente la pasé casi entera en Regensburg, y tuve tiempo de conocer más a fondo esta ciudad universitaria. Conocí el campus, situado un poco a las afueras pero perfectamente comunicado con el centro. Me recorrí el centro comercial que hay en la estación en busca de comida que no llevara alérgenos peligrosos para mi salud. Paseé por sus calles. Observé los pequeños edificios de colores y caminé por el suelo empedrado. Vi el musgo más verde que jamás había visto, pegado a las vallas de sus parques. Me mojé con la lluvia y la niebla de Regensburg. Y sobre todo, pedí a cada rincón de la ciudad que cuidara bien de mi hermanita que estudiaría allí este curso.

Regensburg


Todo eso que hice es lo que os recomiendo hacer. Añadiría pasar a la catedral (Dom St. Peter), de entrada gratuita, contemplar las vidrieras de colores y admirar el estilo gótico del templo. Me pareció muy bonita la catedral, pero no pude verla bien porque no sé qué estaban haciendo allí que tenían puesta una pantalla en el altar y afeaba un poco aquello.

Regensburg


Si queréis ver Regensburg de una forma diferente podéis visitarla en Navidad, que adornan la ciudad y ponen el mercadillo navideño (que cuesta dinero, entre 3 y 8,5€ dependiendo cuándo vayas), o ahora en mayo, que  se celebra el Maidult, una fiesta de la cerveza. Tendrá lugar del 8 al 25 de mayo.

¿Qué os parece esta ciudad? ¿La conocíais? Si has estado en ella, te animo a que comentes y me cuentes qué más cosas hacer, dónde comer o dónde tomar la mejor cerveza del lugar. Podéis ver más fotos de esta ciudad en el blog Otra mirada.

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8 cosas que hacer en Múnich (y una de propina)

16 febrero 2015

El post más visto de mi blog es el que le dediqué a la ciudad alemana de Munich. Como se me fue un poco de las manos eso de escribir, decidí separarlo en 2 post para no hacerlo demasiado pesado. Ahora, tras la gran acogida de esta ciudad y teniendo en cuenta que he vuelto a visitarla hace unos meses, he decidido unificar algunas de las cosas que hacer y ponerlas aquí de una forma más esquemática. ¡Espero que os sea igual de útil la información!

1. Sube a la iglesia de Sankt Peter
La subida a la torre cuesta 2€ (1€ si eres estudiante) y 299 escalones. Dicho así, asusta, pero se suben muy bien. Merece mucho la pena, ya que desde allí tienes unas vistas privilegiadas de Marienplatz y de prácticamente todo Munich. Así matas varios pájaros de un tiro, ya que podrás contemplar y/o fotografiar muchas cosas desde el mirador.

Está situada en Rindermarkt 1 (al lado de la mencionada Marienplatz).

Marienplatz, Munich
Marienplatz desde la torre de Sankt Peter


Vistas de Munich desde la torre de Sankt Peter
Múnich desde la torre de Sankt Peter


2. Toca un león
No uno cualquiera, no seas bruto, sino uno de los 4 que se sitúan en la puerta de la Alte Residenz. Dice la leyenda que si tocas uno volverás a Munich, si tocas dos puedes pedir un deseo y con tres tendrás buena suerte. Si tocas los cuatro no sé qué pasará… Solo sé que yo toqué uno hace 4 años y he vuelto :) Puedes ver a estas fieras hechas de metal en Odeonsplatz.

Tocando un león de Odeonplatz

3. Compara tu pie con el del diablo
Esto fue otra de las cosas que no hice la primera vez que fui a München y que es curiosa: ver la pisada del diablo. Donde veas un pegote de turistas que no hace ni caso a la belleza de Frauenkirche, ahí estará. Esta iglesia (la catedral, Dom) fue destruida casi en su totalidad en la Segunda Guerra Mundial y reconstruida más tarde, aunque aún conserva en su interior piezas originales del siglo XV. Yo he estado dos veces en Munich (una en 2011 y otra en 2014) y las dos veces la he visto en obras por fuera.

Frauenkirche está situada en Frauenplatz (tiene sentido, ¿no? xD)

La pisada del diablo (la de la derecha :P) En Frauenkirche

4. Toma una cerveza y un bretzel en Hofbräuhaus
Más te vale que te guste la cerveza o que puedas fingir que te gusta o que lleves a alguien que se beba la tuya o que… En fin. Que te tomes una cerveza porque si no te mirarán raro, os lo digo por experiencia :) Es complicado sentarse allí porque siempre está hasta arriba, pero si encuentras sitio aprovéchalo. También te puedes pedir codillo o algún asado, yo no lo he probado por falta de presupuesto pero tenían una pinta… ¡mmmm! 

Si no te apetece tomar nada, puedes asomarte por curiosidad para ver esta cervecería, su ambiente, la gente vestida con dirndl (traje bávaro de chica) y lederhosen (traje bávaro de chico) y música en directo, que suele haber un grupo tocando música típica de allí.

Hofbräuhaus
En Hofbräuhaus con un señor vestido con su lederhosen


Hofbräuhaus

5. Admira (y si puedes, escucha) la Ópera de Munich
Desconozco si hay algún tour guiado por el interior, ahora mismo no lo encuentro por ningún lado (si alguien me puede iluminar… La próxima vez lo hago), pero lo que sí sé es que este grandioso edificio acoge una buena programación operística. Así que si eres un entusiasta de este género y tu bolsillo se lo puede permitir, disfruta de la buena música en este templo, destruido y reconstruido dos veces en toda su historia (una por un incendio, otra por la Segunda Guerra Mundial).

Ópera de Munich


6. Piérdete por el Englischer Garten
Uno de los pulmones de Munich es este. El parque más grande de la ciudad está a un paseo del centro, por lo que te recomiendo ir en bicicleta o en transporte público (yo fui andando por ahorrar y perdí mucho tiempo. De hecho me perdí para volver al centro). Una de las cosas más llamativas que puedes hacer en el Jardín inglés -así se traduce el nombre- es surfear.



7. Pasea por Olympiapark
Aunque el parque más grande y más conocido de Munich es el Englischer Garten, os recomiendo conocer este otro, el Olympia Park (gracias Alejandro por la sugerencia). Se construyó para los Juegos Olímpicos de 1972, y hoy puedes recorrer su verde paisaje, disfrutar del lago, del Sea Life (un acuario, unos 15€ la entrada), y de una torre de observación. Si deseas ver Munich, por lo que he leído es mejor que subas a la torre que os he dicho en el punto 1, más barata y mejores vistas.

Está un poco alejado del centro, puedes llegar en metro (parada Olympiazentrum).



8. Visita el Zoo de Munich
Un buen plan para pasar el día, sobre todo si vas con niños, es ir al Zoo de Munich. Es bastante grande, y me parece barato para lo que suelen ser los zoológicos. El tierpark cuesta 14€ la entrada de adulto y 5€ la de niño, aunque te recomiendo que mires en su web porque tienen bastantes ofertas. El carnet de estudiante de aquí de España también te sirve para que te hagan descuento allí.



9. Emborráchate Diviértete en el Oktoberfest
La razón por la que no he puesto 9 cosas que ver en Munich es porque esta última depende de la época en la que vayas. Si coincide que pasas allí a eso de finales de septiembre (sí, septiembre, no octubre) te recomiendo que vayas a ver el ambiente aunque no te guste la cerveza. ¡Merece la pena!




¿Qué te parece? Si te has quedado con más ganas de Munich te recomiendo leer mis otros post, más extensos: Munich parte I y parte II. Te recuerdo que me puedes seguir en  FacebookTwitterInstagram y Youtube si no lo haces ya, y si te ha gustado el post, te animo a que lo compartas en las redes sociales.

Mi mayor chasco viajero: el nacimiento del Danubio

17 junio 2014

Hace ya un par de años que el viaje del verano volvía a ser Alemania, y uno de los sitios que había previstos en la ruta era el nacimiento del Danubio (era un viaje con la banda de música, por lo que estaba todo organizado). 

No se tú qué te imaginas, pero a mí cuando me dijeron que íbamos a visitar el nacimiento del Danubio me imaginaba algo, cuanto menos, espectacular. Algún bonito paraje del tipo de las cataratas de Todtnau o algo así, mínimo. El caso es que después de visitar las cataratas del Rin llegaba con las expectativas muy altas, y cuando el bus paró en Donaueschingen y nos dice que ya hemos llegado... Miro a mi alrededor y no veo nada que me sugiera ese paraje idílico que imaginaba.


Pensaba para mí: bueno, ahora nos llevarán por un camino de estos que aparece de la nada y va hacia un bosque y ahí estará el nacimiento del Danubio (yo toda empeñada en que nacía en un bosque). Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El nacimiento del Danubio se simboliza con la Donauquelle, la Fuente del Danubio y en aquel momento se me rompía en mil pedazos mi paisaje imaginado: imaginad 200 personas queriendo ver la dichosa fuente y hacer fotos, y descansar, y tirar monedas, y, y, y... Pues así me pasó. Que me llevé un chasco de lo más grande.


La fuente no es fea, vista así sola sin las 200 personas que os comento; aún así... No creo que merezca la pena darse el paseo solo para eso. Si os pilla de paso, sí, es un sitio más que visitar. Pero ya os digo que para mí ha sido mi mayor chasco viajero hasta el momento. Y para ti, ¿cuál ha sido tu mayor chasco viajero? ¿Conocías el nacimiento del Danubio?



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Índice del viaje a la Selva Negra (verano 2012)

04 diciembre 2012

¡Buenas tardes!

¿Cómo vais viajeros? Espero que mejor que yo, que llevo mucho tiempo sin poder actualizar el blog como me gustaría. Como ahora mismo estoy poniendo orden en mi vida (así en general) y tengo pendiente escribir de unos cuantos sitios, se me ha ocurrido que lo mejor para mantener actualizado es dejaros un índice de las entradas de mi viaje por Alemania (que incluye algún que otro país más) que hice en el verano de 2012. Por si alguien se ha perdido alguna y para tenerlo más fácil para consultar todos los post que he puesto. ¡A ver si pronto puedo hacer un post en condiciones!

Para leer los post, pinchad en las fotografías. ¡Hasta pronto!

Pinceladas nocturnas de Lyon
Todtmoos
Bajo las cataratas del Rin
Todtnau, en plena Selva Negra
Tour Europeo... En Europa Park
¡A refrescarnos al Titisee!
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Una siesta en Friburgo

10 noviembre 2012

La ciudad conocida como la puerta de entrada a la Selva Negra la íbamos a usar nosotros como salida, ya que era nuestro último día en Alemania. Como os conté en el anterior post, esa mañana temprano habíamos estado en el Lago Titisee y sobre la 1 de la tarde llegamos en tren a Friburgo.



La ciudad con más sol de Alemania hizo honor a su fama y nos recibió con un clima más propio de Alicante en agosto que de la Selva Negra. Estábamos agotados y teníamos un rato libre, así que lo primero que hicimos fue buscar un sitio donde comer y descansar antes de conocer la ciudad.

Yo conocía algunas tiendas de las veces que había estado por Alemania, y propuse (acertadamente, para qué engañarnos jejeje) comprar algunos “sándwiches” en una tienda y comerlos en un parque. Diréis pues qué cutre, pero no son sándwiches normales (de ahí las comillas) sino como paninis y bollos dulces o salados que están recién hechos, deliciosos y encima baratísimos. Los cogimos para llevar y fuimos a un parque que habíamos visto viniendo del tren, creo que se llama Colombipark pero no estoy segura, porque no lo encuentro por ningún lado.

Después de engullir los bollos/sándwiches nos empezó a entrar la modorra de la siesta, y… de ahí el título de este post. Imaginad la tranquilidad que transmitía aquel parque, aquella ciudad, que nos acurrucamos en el césped (bien abrazados a nuestros bolsos, eso sí) y nos quedamos dormidos un buen rato. No sé vosotros, pero yo eso en Madrid ni me lo planteo, no duermo la siesta en el Retiro que sino cuando me levante no tengo ni los calcetines… Fue una experiencia… Mmmm… Diferente y gratificante :)


Cuando me levanté serían las 4 y poco y tenía fuerzas renovadas para conocer un poco más aquel lugar tan tranquilo y caluroso. Como el resto de mi grupo no tenía muchas ganas de patear, me fui yo sola a una minivisita guiada que nos habían organizado, mientras el resto descansaban con los pies metidos en uno de los canales de agua característicos de Friburgo (bächle).

Aprovecho ya para hablaros de estos canales, que antiguamente servían para abastecer a la ciudad de agua y que hoy en día son meramente decorativos. Se usan para refrescarse los pies o para que los niños –y algún mayor, seguro- jueguen con sus barquitos. Dicen las leyendas que si alguien se cae sin querer en uno de esos riachuelos se echará un novi@ de allí o volverá a visitar a la Friburgo.

En mi camino al centro histórico pasé por un rastrillo hippie de los que tanto me gustan, y de ahí fui a la plaza del Ayuntamiento (nuevo y viejo, están pegados). Ahí se encuentra la oficina de información turística, donde cogí un plano bastante horroroso que tenía más publicidad que información… Pero es lo que había.

En la plaza del Rathaus había una fuente donde aproveché para rellenar mi botella de agua, ya que allí casi todas las fuentes son potables y el agua además está riquísima y fresquita. Continué hasta la siguiente plaza, la de la Catedral. Allí me dejé encantar por esta belleza con una torre de 116 metros y por resto del monumento que, aunque estaba en obras, me pareció muy bonito.


Hice la visita guiada, de la cual tengo que confesar que no me acuerdo mucho pero que tampoco mereció mucho la pena… Al acabar le pedí un libro de Friburgo a la guía y me fui yo sola a deambular por allí, no sin antes terminar de ver la Münster Platz.

Allí, además de la catedral se encuentra un bonito y llamativo edificio rojizo cuya fachada está decorada con motivos en honor a la Casa de los Austrias; según dónde mires es el Palacio Arzobispal o unos almacenes, lo mismo es… Por último, en Münsterplatz se pone un mercado artesano y floral.


Mi siguiente parada era la puerta Suaba (Schwabentor), construida en 1250 y modificada a lo largo de los años. Su origen era defensivo, y ahora… Bueno, el McDonalds que han puesto ahí afea un poco la fachada. Juzguen ustedes aunque mi foto es un poco mala. Y cuando cruzas la puerta de los Suabos, si vuelves a mirarla es Martinstor, la más antigua que existe de las primeras murallas de Friburgo (no sé si me he explicado, es básicamente la otra cara de la Schwabentor). Después de mirar información de estas dos puertas en internet estoy hecha un lío y no estoy al 100% segura de que esto sea así; pido por favor que si alguien puede me lo confirme ¡¡¡o me corrija!!!

Un consejo para los visitantes de esta capital verde: si no vas con cien ojos, puedes morir atropellado por un tranvía sin darte cuenta. Es lo más fácil, casi más que caerte a un canal, y eso que están por todas partes.


Después de este (bri)consejo continué alejándome del centro con cuidado de no perderme que mi orientación es un poco precaria. Llegué hasta el río Dreisam, donde la gente se bañaba para calmar los casi 40º C que hacía esa tarde y crucé a la otra orilla, donde pude contemplar la Plaza de la Universidad, y un par de iglesias de las que no sé el nombre ni lo encuentro por ningún lado.

Antes de volver a de nuevo a Münster Platz -donde habíamos quedado todos los grupos para regresar a los autobuses y a España- me permití perderme un poco por alguna callejuela y disfrutar un rato más de Friburgo, de sus calles, sus canales, el peligro del tranvía, sus bollos y el agua fresca y rica de sus fuentes.


Así, queridos lectores, es como acaba mi viaje del verano por la Selva Negra. O bueno no, en realidad acabaría 24 horas de viaje en autobús después…


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Todtnau: en plena Selva Negra

03 octubre 2012


Sin duda este ha sido uno de los viajes “más naturales” que me he dado. Después de ver las cataratas del Rin y dormir en el albergue de la Schwarzwald, ahora tocaba conocer la cascada de Todtnau, la más alta de Alemania con sus 97 metros.
 

Según cruzamos el cartel de Wasserfall la vegetación se hacía más densa y yo afinaba mi oído a ver si oía el agua caer, pero allí no había más ruido que el de la gente de mi alrededor hablando. Por fin apareció ante nuestros ojos. Un agua cristalina caía desde lo alto, y un paisaje muchísimo más espectacular que las cataratas del Rin (para mi gusto) se extendía por todas partes.



Al igual que otros días íbamos con el tiempo justo, así que nos pusimos manos a la obra (o pies, mejor dicho) y comenzamos el ascenso. Llegamos hasta casi arriba del todo. Digo casi porque los últimos metros ya se nos hizo tarde y nos dijeron que tampoco cambiaban mucho las vistas así que… ¡Para abajo!


Pero la visita no se acababa ahí. El pueblo, Todtnau, estaba a pocos kilómetros de allí y ya que estábamos, aprovechamos a verlo. Nos habían hablado muy bien de la subida en telesilla a la montaña así que decidimos probar. Más que por la subida, por la increíble bajada en el Hasenhorn Coaster. Esto es una especie de cochecito que va por railes y que baja la montaña por un circuito en el que alcanzas los 40 km/h. Tú eres el que conduces (solo tienes que acelerar y frenar) y la único que te piden es que mantengas la distancia de seguridad con el vehículo de delante. ¡Es divertidísimo! Mi hermana me dejó conducir a mí y creo que luego se arrepintió un poco, la llevé como una auténtica loca por allí jejeje.




Hay que decir que la subida en telesilla es larga y que luego arriba hay que esperar la cola para bajar en los coches, así que entre pitos y flautas se te va una hora y pico allí. No sé cuál era el precios porque nosotros teníamos las entradas de grupo incluidas (alguna ventaja tiene que tener viajar en grupos maxigrandes, no todo iba a ser ir como ovejas).




Cuando llegamos abajo después de descargar adrenalina en el Hasenhorn Coaster dimos una vuelta por el pueblo, que tampoco tiene mucho a parte de los bellísimos paisajes. En invierno es una buena pista de esquí que debe de llenarse hasta los topes, y cuando no hay nieve se convierte en un lugar idílico para pasear y hacer senderismo o ciclismo.

Esa tarde fue la actuación y lo que hicimos fue ver Toodtmos, del que ya os hablé anteriormente. Próxima parada… ¡Europa Park!

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