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Índice del viaje a la Selva Negra (verano 2012)

04 diciembre 2012

¡Buenas tardes!

¿Cómo vais viajeros? Espero que mejor que yo, que llevo mucho tiempo sin poder actualizar el blog como me gustaría. Como ahora mismo estoy poniendo orden en mi vida (así en general) y tengo pendiente escribir de unos cuantos sitios, se me ha ocurrido que lo mejor para mantener actualizado es dejaros un índice de las entradas de mi viaje por Alemania (que incluye algún que otro país más) que hice en el verano de 2012. Por si alguien se ha perdido alguna y para tenerlo más fácil para consultar todos los post que he puesto. ¡A ver si pronto puedo hacer un post en condiciones!

Para leer los post, pinchad en las fotografías. ¡Hasta pronto!

Pinceladas nocturnas de Lyon
Todtmoos
Bajo las cataratas del Rin
Todtnau, en plena Selva Negra
Tour Europeo... En Europa Park
¡A refrescarnos al Titisee!
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Una siesta en Friburgo

10 noviembre 2012

La ciudad conocida como la puerta de entrada a la Selva Negra la íbamos a usar nosotros como salida, ya que era nuestro último día en Alemania. Como os conté en el anterior post, esa mañana temprano habíamos estado en el Lago Titisee y sobre la 1 de la tarde llegamos en tren a Friburgo.



La ciudad con más sol de Alemania hizo honor a su fama y nos recibió con un clima más propio de Alicante en agosto que de la Selva Negra. Estábamos agotados y teníamos un rato libre, así que lo primero que hicimos fue buscar un sitio donde comer y descansar antes de conocer la ciudad.

Yo conocía algunas tiendas de las veces que había estado por Alemania, y propuse (acertadamente, para qué engañarnos jejeje) comprar algunos “sándwiches” en una tienda y comerlos en un parque. Diréis pues qué cutre, pero no son sándwiches normales (de ahí las comillas) sino como paninis y bollos dulces o salados que están recién hechos, deliciosos y encima baratísimos. Los cogimos para llevar y fuimos a un parque que habíamos visto viniendo del tren, creo que se llama Colombipark pero no estoy segura, porque no lo encuentro por ningún lado.

Después de engullir los bollos/sándwiches nos empezó a entrar la modorra de la siesta, y… de ahí el título de este post. Imaginad la tranquilidad que transmitía aquel parque, aquella ciudad, que nos acurrucamos en el césped (bien abrazados a nuestros bolsos, eso sí) y nos quedamos dormidos un buen rato. No sé vosotros, pero yo eso en Madrid ni me lo planteo, no duermo la siesta en el Retiro que sino cuando me levante no tengo ni los calcetines… Fue una experiencia… Mmmm… Diferente y gratificante :)


Cuando me levanté serían las 4 y poco y tenía fuerzas renovadas para conocer un poco más aquel lugar tan tranquilo y caluroso. Como el resto de mi grupo no tenía muchas ganas de patear, me fui yo sola a una minivisita guiada que nos habían organizado, mientras el resto descansaban con los pies metidos en uno de los canales de agua característicos de Friburgo (bächle).

Aprovecho ya para hablaros de estos canales, que antiguamente servían para abastecer a la ciudad de agua y que hoy en día son meramente decorativos. Se usan para refrescarse los pies o para que los niños –y algún mayor, seguro- jueguen con sus barquitos. Dicen las leyendas que si alguien se cae sin querer en uno de esos riachuelos se echará un novi@ de allí o volverá a visitar a la Friburgo.

En mi camino al centro histórico pasé por un rastrillo hippie de los que tanto me gustan, y de ahí fui a la plaza del Ayuntamiento (nuevo y viejo, están pegados). Ahí se encuentra la oficina de información turística, donde cogí un plano bastante horroroso que tenía más publicidad que información… Pero es lo que había.

En la plaza del Rathaus había una fuente donde aproveché para rellenar mi botella de agua, ya que allí casi todas las fuentes son potables y el agua además está riquísima y fresquita. Continué hasta la siguiente plaza, la de la Catedral. Allí me dejé encantar por esta belleza con una torre de 116 metros y por resto del monumento que, aunque estaba en obras, me pareció muy bonito.


Hice la visita guiada, de la cual tengo que confesar que no me acuerdo mucho pero que tampoco mereció mucho la pena… Al acabar le pedí un libro de Friburgo a la guía y me fui yo sola a deambular por allí, no sin antes terminar de ver la Münster Platz.

Allí, además de la catedral se encuentra un bonito y llamativo edificio rojizo cuya fachada está decorada con motivos en honor a la Casa de los Austrias; según dónde mires es el Palacio Arzobispal o unos almacenes, lo mismo es… Por último, en Münsterplatz se pone un mercado artesano y floral.


Mi siguiente parada era la puerta Suaba (Schwabentor), construida en 1250 y modificada a lo largo de los años. Su origen era defensivo, y ahora… Bueno, el McDonalds que han puesto ahí afea un poco la fachada. Juzguen ustedes aunque mi foto es un poco mala. Y cuando cruzas la puerta de los Suabos, si vuelves a mirarla es Martinstor, la más antigua que existe de las primeras murallas de Friburgo (no sé si me he explicado, es básicamente la otra cara de la Schwabentor). Después de mirar información de estas dos puertas en internet estoy hecha un lío y no estoy al 100% segura de que esto sea así; pido por favor que si alguien puede me lo confirme ¡¡¡o me corrija!!!

Un consejo para los visitantes de esta capital verde: si no vas con cien ojos, puedes morir atropellado por un tranvía sin darte cuenta. Es lo más fácil, casi más que caerte a un canal, y eso que están por todas partes.


Después de este (bri)consejo continué alejándome del centro con cuidado de no perderme que mi orientación es un poco precaria. Llegué hasta el río Dreisam, donde la gente se bañaba para calmar los casi 40º C que hacía esa tarde y crucé a la otra orilla, donde pude contemplar la Plaza de la Universidad, y un par de iglesias de las que no sé el nombre ni lo encuentro por ningún lado.

Antes de volver a de nuevo a Münster Platz -donde habíamos quedado todos los grupos para regresar a los autobuses y a España- me permití perderme un poco por alguna callejuela y disfrutar un rato más de Friburgo, de sus calles, sus canales, el peligro del tranvía, sus bollos y el agua fresca y rica de sus fuentes.


Así, queridos lectores, es como acaba mi viaje del verano por la Selva Negra. O bueno no, en realidad acabaría 24 horas de viaje en autobús después…


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