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Redescubriendo Aranjuez en el “Tren de la fresa”

21 junio 2018

Una forma diferente de descubrir esta Ciudad Patrimonio del sur de Madrid es subiéndote al Tren de la fresa, un tren histórico en el que degustar este manjar de temporada. ¡Delicioso! Hay varias rutas y los precios oscilan desde los 23 euros hasta los 40, dependiendo de la que escojas. ¿Me acompañas? 🚂🍓



En primer lugar, quiero dejar claro que este no es ningún post patrocinado. El motivo que me llevó a viajar en este tren fue el regalo a una amiga por su despedida de soltera, y quiero compartir mi experiencia para poder ayudar a otros viajeros interesados en subir a este tren turístico.
  • AVISO: La información que comparto tiene fecha de junio de 2018, por lo que recomiendo siempre consultar una web oficial para asegurarse que los datos están al día.


1. Elige tu ruta
El primer paso antes de comprar los billetes es elegir la ruta. Hay  cinco, y van desde la más sencilla (solo viaje en tren) pasando por una con ruta en barco, en “Chiquitren” o con cata de vinos. Casi todas, excepto la sencilla, incluyen visita guiada a algunas zonas de la ciudad.

2. Cómo sacar los billetes
Mi recomendación es que lo hagas por teléfono en el 91 232 03 20. Es lo más rápido y lo más efectivo, al menos para mí lo fue. Dices el número de billetes que quieres comprar, el día, y pagas, así de rápido e indoloro. Cobran 5€ de gastos de gestión sobre el precio total.

Con anterioridad lo intenté on-line (es más lioso, tienes que meter DNI, teléfono, mail… Además, no me quedaba muy claro si se podía elegir o no el asiento) y presencial, en la estación de Atocha. Sin embargo, si eliges hacerlo en persona, vas a tener que echar un buen rato esperando. En Atocha también hay una agencia que te lo gestiona, pero te cobra 5€ más por viajero.

3. Y ahora, ¿cómo organizo mi visita?
La ruta que escogimos (“Fresas del Tajo”) incluía visita guiada de los exteriores de Palacio Real, de los Jardines del Príncipe, Parterre y Rey, además de un paseo de 45 minutos en barco. Escribí a todas las redes sociales, llamé a teléfonos de información e incluso mandé un whatsapp a un número que resultó ser del jefe de Trenes Históricos para enterarme de cómo iban los horarios de dichas visitas. Queríamos tener reservada la comida, pero al no saber horarios exactos no podíamos hacer la reserva.


Me costó unos 5 días obtener una respuesta, porque por lo visto se habían caído las redes sociales (5 días en los que me tiraba de los pelos, porque había que organizar la despedida de soltera de mi amiga), que no me solucionó demasiado. Hay dos turnos para montar en el barco, y en función de eso organizan la visita, pero te lo dicen en el mismo día. Pero me aseguraron que daba tiempo a comer en restaurante y que, en caso de mal tiempo, el plan del barco se mantenía, puesto que es cubierto.

¿Que qué hicimos al final? El mismo día de la visita hicimos acopio de publicidad de los restaurantes (te los dan en el camino de la estación al centro) y antes de subir al barco llamamos para reservar al que más nos gustó, por precio y cercanía (“La estrella de Aranjuez”, ya te hablaré del restaurante en otro post).

4. Llega el momento, ¡subamos al Tren de la fresa!
Por fin llegó la hora de partir hacia Aranjuez en el tren histórico de la fresa. Sale de Príncipe Pío a las 9:50 (recuerda asegurarte de los horarios, estos son orientativos); pregunta en taquilla el lugar exacto, nosotras lo cogimos en la vía que va a Atocha. Antes de subir al tren, te piden los billetes y te dan una pegatina para que te identifiques, donde pone tu ruta y el horario del barco que te corresponde (por fin).



Una vez subidos en el tren (¡es precioso!) te presentan a tu guía y dan información a través de la megafonía. Nosotras íbamos disfrazadas de fresa, así que nos hicieron muchas fotos, al igual que al personal del tren, caracterizado de época. A mitad del recorrido te dan una cajita con fresas listas para comer, ¡ñam! Estaban buenísimas.

5. Estamos en Aranjuez, ¿ahora qué?
Cuando bajas en la estación de Aranjuez -de un estilo neomudéjar que me encanta-, te dejan un tiempo para ir al baño o pasar a la cafetería a comprar algo. Después, organizan los grupos y comienza la visita. María fue nuestra guía, y lo hizo fenomenal. Una visita muy amena, nos enseñó un par de fuentes que enciende patrimonio en los Jardines del Príncipe (de otra forma yo no me habría enterado de que las encienden) y nos contó un montón de historias que desconocía de los jardines.



El barco fue lo que menos me gustó, en cuanto a turismo. Se pasa un rato agradable porque vas sentado, tomando un refresco, cerveza o sangría (entra en el precio) y charlando con los amigos, pero el paisaje es… Mmmmm… No muy bonito. Juncos y más juncos. Yo pensaba que tendría algunas vistas especiales, pero me equivocaba. Aún así, merece la pena.



6. Hora de volver a Madrid
El día se pasó volando. Al final, no tuvimos nada de tiempo libre, y cuando acabó la última visita guiada nos volvimos a la estación de tren, para pasar al baño y comprar algo de merienda antes de regresar a Madrid. La vuelta ya no tiene fresas, así que os recomiendo que cojáis algo de picar en la cafetería ;)



7. Entonces… ¿merece la pena?
Sí, mi experiencia en el Tren de la fresa ha sido muy buena. Lo peor fue conseguir que me atendieran para resolver dudas, pero por lo demás lo recomiendo como forma de conocer Aranjuez de una forma diferente. Además, el tren es muy bonito, antiguo, de madera, tiene mucho encanto.


Y con lo pesada que soy en las redes sociales, subí una foto y gané un sorteo para viajar en el tren de Felipe II, así que en cuanto acabe la oposición pongo rumbo a El Escorial y os cuento qué tal este tren.

Y tú, ¿has montado en el Tren de la Fresa? ¡Cuéntame! Te recuerdo que me puedes seguir en FacebookTwitterInstagram y Youtube 😃 si no lo haces ya, y si te ha gustado el post, te animo a que lo compartas en las redes sociales pinchando en uno de los botones de aquí abajo ↓

El otoño en Aranjuez

07 noviembre 2011

Este puente de todos los Santos visité una de las emblemáticas ciudades de Madrid: Aranjuez. A punto estuve de coger el tren de la fresa, pero mi reducido presupuesto me hizo ir en coche (eso y que con lo lejos que vivo me hubiera supuesto demasiadas horas de viaje). Ya había estado antes, pero solo había visitado el Palacio y una pequeña parte (pequeñísima) de sus jardines. Así que me dispuse con mi mochila y mi cámara de fotos, y allá que fui.

Aranjuez
Un intento de foto panorámica del Palacio y sus jardines (¡prometo mejorarlas!)

Como siempre, recomiendo visitar primero la oficina de turismo para que te aconsejen cómo organizar tu visita, o al menos que te den un plano de la ciudad. En este caso lo recomiendo también para que no os pase como a mí, que decía: pero si Aranjuez no tiene mucho que ver, el Palacio y los jardines, tampoco será tanto… ¡Qué equivocada estaba!

Empecé la visita por el Jardín del Parterre, el más cercano al Palacio. Es bonito, con sus fuentes y sus esculturas (muy raras, por cierto), y las vistas a este edificio de 1561. Esta vez yo no pasé, pero si no habéis ido nunca está bien visitarlo. Cuesta 9 euros e incluye la entrada al Palacio Real y al Museo de las Falúas (vamos, de las barquitas de los reyes). A parte está la Casa del Labrador, en el otro extremo de los jardines, que si queréis pasar tenéis que comprar la entrada en Palacio.

Aranjuez
Aranjuez

Cuando acabé de ver estos jardines, fui a los de la Isla, que son los medianos. Aún así, el paseo dio para mucho. Me encantó perderme por allí, el otoño le sienta fenomenal a los parques y en especial a los que están tan cuidados. Las hojas caían, a veces de una forma que parecía casi artificial. A pesar de ser un día festivo no estaba muy lleno, y el silencio (humano) permitía que también se oyeran los pájaros… Me gustó el detalle de que el jardín está dividido en calles, con sus señales que indican el nombre incluso.

Pero el paseo por allí se acabó y puse rumbo a los Jardines del Príncipe, de los cuales no sabía de su existencia. Con un área inmensa (en realidad son 12 jardines juntos) de más de 2 kilómetros bordeando el Tajo, se pueden ver muchas maravillas. A parte de las fuentes principales (como la de Narciso, la de Apolo o la fuente de las Cabezas), están el Museo de las Falúas y la Casa del Labrador, de las que os hablé antes.

Aranjuez
Jardines del Príncipe, Aranjuez

A lo largo de más de dos horas de recorrido entre robles, castaños de Indias, ahuehuetes y un sinfín de plantas de las que no conozco el nombre vi también otra de las “atracciones” de los Jardines del Príncipe: la Montaña Rusa. Sí, sí, como leéis. Solo que en este caso no son un montón de vagones en unos raíles, sino una colina artificial desde donde hay unas vistas preciosas de la flora y fauna de allí (los pavos reales y las ardillas son un clásico).

Y así fue como me entretuve un nublado día de otoño por la villa de Aranjuez, cuyo paisaje fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Antes de despedirme os daré un par de alternativas para vuestra visita: una de ellas, realizarla en el trenecito (ojo, lo recomiendo como complemento a la visita a pie), que son 5 euros y hace un recorrido de una hora; y la otra, consultar las visitas guiadas porque las hay muy interesantes, como La Ruta de los mitos y las fuentes o La Ruta de las avenidas y las plazas.

La Montaña Rusa de Aranjuez
La Montaña Rusa de Aranjuez

Al igual que a Aranjuez le sienta muy bien el otoño, estoy segura que a vuestras ciudades también. Si tenéis alguna foto otoñal, os animo a que me la mandéis para publicarla en el blog. ¡Feliz otoño! Te recuerdo que me puedes seguir en  FacebookTwitterInstagram y Youtube si no lo haces ya, y si te ha gustado el post, te animo a que lo compartas en las redes sociales.



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