17 septiembre 2014
Fue en verano cuando visité El
Capricho, una obra que está en la localidad cántabra de Comillas. Esta casa,
que erróneamente se ha tachado a veces de ser casa de verano de Gaudí e incluso
un prostíbulo, es la obra más antigua del artista catalán y fue el encargo de Máximo
Díaz de Quijano, concuñado del primer Marqués de Comillas.
Hicimos una visita guiada gracias
a Carlos, una de las personas que lleva El Capricho hoy en día. Desde aquí, mil
gracias por el trabajo que hace y por la estupenda visita guiada que nos hizo.
Cuando le escribí diciendo que era bloguera de viajes, lejos de desmerecer
nuestro trabajo (como a veces pasa) se volcó en que mi visita fuera perfecta.
¡Gracias!
La visita al complejo gaudiniano
cuesta 5€, un precio que no es nada caro teniendo en cuenta que el edificio lo
gestionan entre 5 personas… Son ellas las que se encargan de hacer visitas
guiadas, atenderte en la taquilla o limpiar los baños. ¡Olé por ellos! Hacen
una gran labor para que podamos conocer El Capricho. Antes era un restaurante,
pero por suerte lo cerraron, ya que por lo visto la gente se volvía loca en las
celebraciones y con el alcohol ya se habían llevado hasta azulejos de la
fachada.
Una vez pagada la entrada, pasas
a ver ese monumento que -como bien
señaló Carlos- tiene cierto parecido con el Palacio Laredo de Alcalá de
Henares. De todo lo que nos contó, lo que más recuerdo porque me pareció
suuuuuuuuuper curioso es que El Capricho tiene varias metáforas musicales:
- La primera la podemos ver en el exterior. Esos azulejos tan coloridos están colocados en 5 filas, ¡son como un pentagrama! Además, las rejas tienen un aire a la clave de sol.
- Para ver la segunda hace falta pasar al interior de la casa. Llegamos a la estancia y nos pregunta que qué puede haber de musical allí. ¡Ni idea! Nos dio una pista: las ventanas. Así a simple vista no lo hubiéramos adivinado, pero cuando se abrieron las ventanas… Sonaban unas campanas celestiales :) Las ventanas de esa habitación tenían un sistema por el cual al abrirse accionaban unas campanitas con un contrapeso.
- La tercera… Simplemente mirar las vidrieras de otra de las salas, decoradas con elementos musicales y de la naturaleza. ¡Qué preciosidad!
- Y la última, que la he leído ahora investigando sobre el edificio, que precisamente el nombre El Capricho viene de la forma musical capricho, una pieza caracterizada precisamente por su libertad y carácter alegre.
Otra de las cosas que me llamó la
atención es una casa girasol. Y no, no es porque tenga girasoles en su
exterior. Es porque Gaudí la diseñó para que cada estancia recibiera la luz
solar necesaria para cada momento del día. Es decir… La primera habitación
donde te levantas es eso, la habitación. A continuación desayunas en el salón,
pues ese cuarto está construido hacia donde gira el sol. Y así progresivamente.
¡Solo podía ser la obra de un genio!
Por lo demás, poco que añadir.
Que me parece un edificio mágico, con mucho encanto y que recomiendo visitar si
estás por allí. El interior es bonito, pero a mí me gustó más contemplar el
Capricho desde fuera, embelesada con los azulejos de girasol y su minarete que
parece hecho de piezas de Lego jejeje.
Y vosotros, ¿habéis estado alguna
vez? ¿Conocíais sus metáforas musicales? ¡Contadme más! Me encanta aprender de
vuestros comentarios.


