09 septiembre 2011
![]() |
| Contemplando la Hohensalzburg desde el centro de Salzburg |
Después del paseo desde
hauptbanhof, llegamos al río Salzach, que divide la ciudad. Lo que quizás llame
más la atención por su situación en la zona más alta de la ciudad, es la
fortaleza de Hohensalzburg. Para subir ahí podéis usar el funicular o dar un
paseo hasta la cumbre. Yo hice la subida a pie, ya que no me merecía la pena
pagar el funicular puesto que estaba cerrado el castillo y no lo iba a amortizar.
Si vais, coged entrada conjunta de la visita más la subida y la bajada, que
sale por unos 10,50 euros.
Estando cerrado también se puede
pasear, y hay unas vistas preciosas. La Catedral de Salzburg, Franziskanerkirche
(esa iglesia más “picuda” que se ve en la foto), Kollegienkirche (la que está
más a la derecha en la foto), el río… Excepcional. Eso sí, la subida a pie por
las pendientes que hay, es cansadísima. Una de las “tonterías” que encontramos
en los alrededores de la fortaleza fue un unicornio de madera para que jugaran
los niños tirándole aros al cuerno. ¿Los niños? Bueno, tengo que reconocer que
fue la mar de entretenido…
Como hablaba al principio del
post, en Salzburgo nació uno de los genios musicales más reconocidos: Wolfgang
Amadeus Mozart. Y como no podía ser menos, su ciudad natal le rinde homenaje
por cada rincón. A parte de su casa-museo, situada en una de las calles más
turísticas de Salzburg (Getreidegasse), en pleno centro tenemos la Plaza de
Mozart, con una estatua del compositor.
Por otro lado, está la Residencia
Mozart, que es otra casa donde residió. Una parte de ésta fue destruida por una
bomba en 1944, y más tarde reconstruida y utilizada como oficinas. Sin embargo,
actualmente las oficinas desaparecieron y en su lugar hay un museo mozartiano. Para
acabar de hablaros de Mozart, os dejo una foto de toooodos (o casi todos) los
productos que vendían en una tienda aprovechando su imagen.
![]() |
| Diversas formas de "homenajear" a Mozart |
Desgraciadamente, poco más os
puedo contar. De vuelta a la estación para regresar a Munich, pasamos por los
jardines del Palacio de Mirabell. Casi de noche, y con prisas, pero parecía un
lugar precioso para dar un tranquilo paseo en cualquier momento del día.


