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Futuroscope, un parque temático diferente

30 enero 2012

Hace casi un año ya que lo visité, justo cuando empecé con esto del blog, y todavía no le había dedicado ningún post. Creo que ya iba siendo hora, ¿no? :)

Estaba de viaje con la banda de música, íbamos de camino a París y ya llevábamos bastantes horas de autobús desde Madrid cuando llegamos a Poitiers. No pude disfrutar todo lo que me hubiera gustado de Futuroscope porque llegamos a media tarde y luego tuvimos que cenar todos a la vez bastante pronto (es lo malo de los viajes en grupo).



Algo sí que pude ver, así que vamos allá. Lo primero que hicimos fue dejar las cosas en el hotel, uno de los que hay en el recinto y que, por cierto, estaba bastante bien tanto las habitaciones como el servicio. No eran gran cosa, pero para pasar una noche…

Si alguien va a Futuroscope con pensamiento de un parque de atracciones con montañas rusas y demás, que se olvide. Yo lo he llamado en el título “parque temático” aunque tampoco sé si realmente es eso. Es un sitio peculiar donde reinan los cines en 3D y 4D, las proyecciones de películas que mueven tu asiento y te echan agua en la cara. Eso por un lado.

Por el otro algo que me llamó mucho la atención: una de las partes del parque (casi toda la zona de niños) está llena de atracciones de agua. ¿Qué os imagináis cuando os digo eso? ¿Quizás algo como los Fiordos o El Aserradero del Parque de Atracciones de Madrid? No, no, no. Más bien hay triciclos acuáticos, bolas de estas de plástico que van sobre el agua, embarcaciones donde puedes dispararte agua… Tuvimos suerte de que nos hizo un tiempo estupendo a pesar de ser abril y nos montamos en los triciclos. Yo le dejé la tarea de conducir a mi hermana (se podía montar de dos en dos) y ¡vaya espectáculo! Era bastante difícil mover aquel trasto por el agua pedaleando, y no digamos aparcarlo… Eso sí, te echas unas risas.

Triciclos acuáticos muy difíciles de aparcar

A parte de esa atracción fuimos a uno de los cines en 4D, vamos, esos donde mueven los asientos. Fue una pasada, porque la calidad de imagen de la película era muy buena y la historia divertida. No fue el único asiento que probamos allí en Futuroscope: en Los animales del futuro recorrías varios escenarios sentado en un sillón que te mostraban cómo sería nuestro planeta y sus habitantes dentro de 5, 100 y 200 millones de años. Tenías una especie de prismáticos en 3D con los que podías interactuar y dar de comer o acariciar esos animales virtuales.

Los niños podían aprender a conducir en Futuroscope en este minicircuito

No me acuerdo del nombre de la otra proyección que vimos, aunque sí recuerdo que la pantalla era de agua. Infinidad de atracciones de lo más inusuales son las que vimos y nos dejamos por ver debido a la falta de tiempo (una vez más, espero volver algún día) pero os recomiendo subir a la torre observatorio, que por los comentarios que hicieron después los que habían subido, merece mucho la pena.

Fuimos a cenar al hotel, y me quedé sorprendida por el buen servicio y la calidad de la comida. Qué queréis que os diga, pero era un hotel de los más baratillos y no esperaba mucho. Pudimos acomodarnos todos en el comedor, donde cabían unas 250 personas y los camareros nos sirvieron un par de platos y un postre deliciosos. Sé que os gustan las fotos de comida, y esta tiene tan buen aspecto que no he podido menos que ponerla en el blog.

Delicioso el postre que nos sirvieron en el hotel de Futuroscope

Al acabar de cenar volvimos al parque, ya que había un espectáculo de luz y sonido nocturno. Bien abrigados que hacía frío ya nos sentamos en el auditorio al aire libre expectantes por lo que nos esperaba. No nos decepcionó. Al contrario, superó con creces mis expectativas. Alguna vez había visto espectáculos de este tipo, y no tienen nada que ver con el de Futuroscope. El Misterio de la Nota Azul es su nombre, y cuentan una historia musical a través de pantallas de agua, láser y sonido. ¡Precioso! Una vez más utilizo una de las fotos de la bloggera de Otra Mirada, ya que mi modesta cámara de fotos no tiene nada que hacer contra su Réflex, al menos por la noche.

Espectáculo nocturno de Futuroscope (foto cortesía de Otra Mirada)

Con esto sí acabamos la visita a Futuroscope, con la ilusión de poder volver algún día (a ser posible en verano para disfrutar de las atracciones de agua). Y vosotros, ¿habéis ido alguna vez? ¿en qué atracciones habéis montado? ¡Quiero todos los detalles! ¡Hasta pronto!

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París, una tierra donde soñar

22 abril 2011

Como ya os anuncié, estos días he estado en varios sitios de Francia, entre ellos Poitiers (más bien Futuroscope), el Valle del Loira (viendo el magnífico castillo de Chambord) y en París, visitando la ciudad y Disneyland. Para que cunda más el viaje y no sea un post tan cargante y “agobiante”, voy a repartirlo un poquito. Y hoy os voy a hablar de París.

La capital francesa merece el título de impresionante. Es la segunda vez que paso por allí, y no dejan de sorprenderme sus monumentos, el río Sena y el tiempo. ¿Por qué digo esto del tiempo? Porque casualmente las dos veces que he ido he disfrutado de un sol propio del mes de agosto. Sí, la primera vez que fui era agosto, vale, pero ¿ahora? En París nos ha hecho mejor tiempo que en Madrid, llegando a alcanzar los 25 grados. Y así, bajo un sol radiante he paseado por las calles parisinas.

Más o menos todos conocemos de una forma u otra qué hay en París: Torre Eiffel, Notre Dame, el Museo del Louvre, Montmartre… Así que en lugar de centrarme en contaros cosas de estos monumentos, ahora os hablaré de uno de los lugares más mágicos para mí: las orillas del Sena.

París

A los lados de este río que atraviesa la ciudad de París están los monumentos más emblemáticos de la ciudad, algo que ya le da un toque especial al río. No obstante, no solo destacan edificios históricos, sino el ambiente que hay allí y los preciosos puentes que cruzan el Sena de la orilla izquierda a la derecha.

El domingo por la tarde pasé las horas viendo todo esto que os cuento. Sin duda, Notre Dame (situada en una de las islas que forma el Sena) o el Palacio de Borbón, sede de la Asamblea Nacional de París, contribuyen a realzar el encanto del río, pero yo quiero resaltar otras cosas, como bajar a la orilla y sentarse; descalzarse y observar la grandiosidad de lo que te rodea, divisando a lo lejos la Torre Eiffel, viendo pasar los bateau mouche (barcos que llevan a los turistas por el Sena) y embarcaciones de todo tipo (desde barcos-restaurante a navíos de carga); imaginando qué libros o qué postales estarán vendiendo en los puestecitos de libros que, sentada allí, veo por la parte de atrás. También me gusta imaginar las historias de la gente que, siguiendo el ejemplo de los protagonistas de la novela de Moccia, llenan uno de los puentes del Sena de candados del amor.

Torre Eiffel París

Si por el día hay bullicio, por la noche no es menos. Dando un paseo en el bateau mouche (os lo recomiendo si no habéis montado nunca, ofrece unas vistas de París muy bonitas desde el barco) ves a los jóvenes tomando algo en las orillas, bailando, tocando la guitarra, el acordeón o simplemente subidos en los puentes y saludando a la gente que va montada en los barcos como si les conocieran de toda la vida.

Después de pasear por el Sena sí, podemos visitar otros sitios. El lunes por la mañana hice un tour en autobús por el centro de la ciudad, y desde allí pude contemplar esos sitios emblemáticos que antes mencionaba. Os cuento los lugares que visité durante el recorrido que hice, con algunas pinceladas de lo que decía la guía.

Torre Eiffel

Empezamos el recorrido en la Plaza de la Bastilla, inaugurada en 1840 y con la columna de Juillet en el centro, en honor a los revolucionarios de la Segunda Revolución Francesa. Continuamos por varias calles del lado derecho del Sena, pasando por la Isla de Saint Louis, una zona residencial muy tranquila, hasta llegar a la Isla Cité, donde está la Catedral de Notre Dame, uno de los primeros ejemplos de catedral gótica. Se empezó a construir en 1160 y se acabó hacia 1225, aunque no fue hasta el siglo XIX cuando se añadió la aguja sobre el crucero. Por desgracia ninguna de las dos veces que he ido a París he podido subir hasta arriba, así que sigo con la duda de si estará allí el Jorobado ;)


Palacio de Luxemburgo París

De camino al barrio latino vimos el Ayuntamiento y el campanario de Santiago, y una vez allí pudimos ver de cerca la Sorbona, el Panteón (cerca del cual había una biblioteca donde los estudiantes hacían cola para entrar) y un poco más lejos, los Jardines de Luxemburgo. Me llamó la atención la historia de estos jardines que rodean al Palacio de Luxemburgo, ya que fueron construidos por encargo de María de Medici porque quería una casita más pequeña que el edificio del Louvre, donde vivía hasta que se quedó viuda. ¡Una casita más pequeña! Si ese palacete le parecía una casita, ¿qué diría de los pisos de 30 metros cuadrados? En estos jardines se encuentra la Estatua de la Libertad original (diseñada por el escultor francés F. A. Bartholdi). La estatua fue donada por Francia a Nueva York para conmemorar el centenario de la independencia estadounidense.


Jardines de Luxemburgo París


Por lo demás, el Louvre lo he visto por fuera, las Tullerías no he podido pasar y el Arco del Triunfo solo lo he visto desde la ventana del autobús… Eso sí, subí a la Torre Eiffel (tras pasar por horas de desesperantes e interminables filas para comprar la entrada) y también pasé a la Ópera, un edificio que recomiendo visitar por dentro. Por fuera también es grandioso, pero no podía ser menos: fue construida por Charles Garnier entre 1861 y 1874, después de “ganar” a otros 170 proyectos de otros arquitectos. La razón por la que ganó es que utilizó gran diversidad de materiales para construirla, dándole un aspecto monumental. 

Ópera de París

Me dejo muchas cosas, seguro, pero como mi intención es volver (algún año… me gusta soñar) ya os las contaré. Ah, pero otro sitio que no podéis dejar de ver es donde se encuentra la tumba de Napoleón, Los Inválidos. El edificio cuenta con una cúpula que tiene nada menos que 12 kilos de oro, ¡increíble!

Los Inválidos

Además del centro, si vais a París tenéis que acercaros a Montmartre, conocido por la hermosa Basílica del Sagrado Corazón y por el barrio de los pintores. Lo bonito es que paseéis desde la calle donde está situado el Moulin Rouge (calle, por cierto, nada recomendada para los niños por sus sexshop –llegué a contar hasta 4 seguidos- o su museo erótico) e ir subiendo hasta la plaza del Sacré Coeur. Está la opción de subir en funicular, pero yo creo que bien merece la pena ahorrarse ese eurillo con poco que cuesta y disfrutar del paisaje y de las escaleras (que no son tantas) que llevan hasta la basílica.
 
Sagrado Corazón

 Esta es mi visita a París así por encima, intentado contaros qué es lo que más me ha gustado de la ciudad de la luz. Ahora tú puedes decirme qué es lo que te gusta, si has subido a la Torre Eiffel, si has montado en bateau mouche o si prefieres el funicular en lugar de las escaleras. En el próximo post os hablaré de Futuroscope o de Disneyland París, dos parques temáticos completamente diferentes pero igualmente buenos. ¡Hasta la próxima!

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