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CÓRDOBA, día 1. A la Mezquita… Y poco más

01 enero 2012

Por fin llegó el día, y el 26 de diciembre a las 7 de la mañana cogíamos el AVE rumbo a Córdoba. Poco más de una hora y media de trayecto que pasé dormitando, y ya habíamos llegado. Allí nos recogió un amigo que fue también nuestro anfitrión durante esos días (mil gracias, Jose), y fuimos a información turística. Allí nos enteramos que la “Córdoba Card” (algo que encontré en internet y que me pareció bastante chulo) ya no existía… Pues vaya. Así que cogimos todos los planos, horarios y cosas interesantes para esos días y nos fuimos.

Córdoba
Interior de la Mezquita de Córdoba

Nos alojamos en la Hospedería Luis de Góngora, muy bien situada en el centro. No suelo hablar de los hoteles/hostales donde voy, pero en esta ocasión bien merece la pena mencionarlo. Es un sitio pequeñito, acogedor, y el recepcionista que había nos atendió maravillosamente bien; de hecho, nos explicó las cosas mejor que en turismo… No solo monumentos, sino consejos sobre los bares a los que ir, precios, localización de los sitios… El desayuno lo teníamos incluido; como no hay restaurante en el propio hotel, íbamos a un bar que hay enfrente y que es del mismo dueño y ahí nos lo servían. Pero de eso ya hablaremos en otra ocasión :)

El caso es que no eran ni las 10 de la mañana, y fuimos a recorrer esa ciudad llamada Córdoba. Callejeando llegamos a la Mezquita (o bueno, Catedral la llaman ahora) y previo pago de 8 euros, pasamos al interior. Yo había leído sobre aquel sitio, visto imágenes, e incluso puede que algún vídeo. Sin embargo, nunca llegué a pensar que ese término que usan para describir el interior, el “bosque de columnas”, se ajustara tanto a la realidad. Es impresionante encontrarte perdida entre más de 800 columnas, perfectamente alineadas, por unas zonas más luminosas y por otras más oscuras, pero siempre preciosas. Y si 800 parecen muchas, imaginad las 1.013 que tenía antes de que los cristianos hicieran reformas. ¡Uf!

Córdoba


Recorrimos de un extremo a otro la Mezquita, pasando por todas sus ampliaciones, por el museo y por las diversas capillas y parroquias. En el corazón es donde realmente está lo que llaman Catedral, que contrasta de una forma brutal con el resto de arquitectura: donde antes había más columnas y una decoración más bien sobria, ahora había un altar, una cúpula espléndida y dos órganos enfrentados, que podéis apreciar en la foto. Ya sabéis que como música soy una friki de estas cosas, y me encantan los órganos de las iglesias y catedrales. Bueno, y en general cualquier instrumento musical jeje.

Córdoba
La torre de la Mezquita, desde el Patio de los Naranjos

Tampoco quiero aburriros más contando cada detalle del paseo, prefiero que lo descubráis vosotros mismos en persona. Sí me gustaría contar como curiosidad que la Mezquita (sí, seguiré llamándolo así aunque en el folleto ponga Catedral) está construida sobre la Basílica de San Vicente, cuyos restos podemos curiosear en el museo del mismo nombre, en el interior de la Mezquita.

Antes de acabar, os comento que también se puede comprar la entrada para una visita nocturna, que cuesta 18 euros –precio general- y está guiada la ruta. No la cogí porque no se podía hacer fotos y porque, al no haber entrado nunca, merecía más la pena la diurna.

En el exterior está el famoso Patio de los Naranjos, por el que tienes que pasar a comprar las entradas. Es muy bonito, y desde ahí se puede sacar la típica foto como la que os pongo yo aquí. Eso sí, no os penséis que siempre tuvo esas deliciosas frutitas: hasta el siglo XV eran palmeras las que ocupaban el patio.

El río Guadalquivir pasa por allí cerquita, y para cruzarlo está el Puente Romano, precedido por la Puerta del Puente o Arco del Triunfo, que allá por 1575 fue la puerta principal de Córdoba. Si lo atravesamos, pisamos un suelo más o menos reciente, ya que sustituyeron la piedra antigua por otro material (no entiendo de suelos…). A la mitad del puente está la imagen del arcángel San Rafael, y en el otro extremo, la Torre de la Calahorra. Me gustó el significado del nombre, que viene a decir algo así como “castillo o fortaleza libre”. Fue concebida como puerta de protección de la ciudad, y ahora en su interior alberga un museo al que no llegué a pasar.

Sojo Córdoba
Interior del Sojo

Como ya era más o menos la hora de comer y el hambre apretaba, decidimos ir a uno de los sitios que nos habían recomendado, el Sojo. Es un bar/pub que sirve desayunos por la mañana, tapitas al mediodía y copazos por la noche (con un ambiente bastante cool, por lo que me han dicho), y que destaca por estar en un cuarto piso y tener unas vistas espectaculares del río. Así que por 1,20 tomé una copita de vino con su tapita. No está mal, ¿verdad?

Pero con eso no se sacía el hambre, así que fuimos a la Plaza de la Corredera –algo así como la Plaza Mayor de Madrid- donde hay muchos restaurantes con menús a buen precio. Finalmente, ese día cayeron un flamenquín, salmorejo y un revuelto de ajetes con gambas y salmón. ¡Delicioso!

Gastronomía de Córdoba

Salmorejo cordobés (arriba) y flamenquín (abajo)

Gastronomía de Córdoba

A lo tonto y a lo bobo ya eran las 5 de la tarde, y ese día decidimos que era de relax. Después de una siesta en el hotel, cogimos el bañador y nos dispusimos a darnos un respiro en los Baños Árabes de Córdoba que había reservado como regalo de Navidad, a la vuelta de la esquina de nuestro hotel.  Lo que me gustó de estos es que no tienes límite de tiempo; que puedes pedirte un té y unas pastitas y luego seguir en remojo en las cuatro piscinas que tiene o en la sauna. Y si eres de los afortunados que se lo puede permitir, también hay masajes. En mi caso el presupuesto no daba para más :(

Baños árabes de Córdoba
Baños árabes de Córdoba

Para rematar el día, cenamos en un bar un poco alejado del centro y que está genial tanto por la calidad como por la cantidad de la comida y el precio. Se llama La Tuerta y puedes tomar una bebida con su tapa o unas deliciosas tostas. No son las típicas tapas, y están servidas con mucho estilo. ¡Altamente recomendado! Con el estómago lleno, regresamos al hotel y a dormir, que mañana será otro día.

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Y para el año que viene…

31 diciembre 2011


Os contaré mi viaje por tierras andaluzas, concretamente por Córdoba y por Sevilla. Me hubiera gustado contaros una parte al menos antes de que acabara el año, pero no me ha dado tiempo. Así que estad pendientes porque va a dar para varios post el viaje :)

En estos últimos días de 2011 he paseado entre los naranjos de las calles de Córdoba. Ahí he podido disfrutar de maravillas tales como la Mezquita-Catedral, el Alcázar, Medina Azahara o los patios cordobeses. Con respecto a esto, quería aprovechar para recomendaros que los visitéis. Es hasta el día 4 de enero, y están abiertos de 18 a 21 horas. Os recomiendo que los veáis en varios días (aunque ya no quedan muchos) porque están un poco retirados unos de otros. 


Alcázar de Córdoba
Alcázar de Córdoba

Además de patear la ciudad, aprender cosas y fotografiar todo lo fotografiable, he tenido tiempo para disfrutar de los flamenquines, las berenjenas con miel o el salmorejo con el vinito de la tierra; y para rematarlo, unos baños árabes con té y pastitas. Ya os hablaré más sobre esto que seguro que hay más de uno y de dos interesad@s en ir.

Con lo cerquita que está y lo poco que se tarda en tren, no pude dejar de visitar Sevilla. Aunque no vi todo lo que quería ver (por ejemplo la Giralda no me dio tiempo a verla), el Alcázar sevillano me embrujó: vaya jardines, vaya patios, vaya salones… La Torre del Oro o el Archivo de Indias tampoco se libraron de mi visita.

Plaza de España, en Sevilla

Si queréis saber más, no os perdáis los próximos post porque os daré detalles de los monumentos, restaurantes y hoteles; vamos, de cosas interesantes para los turistas.

Sin más, con este post despido el 2011, deseando que tengáis una Nochevieja inmejorable, acompañada de vuestros seres queridos. Mucho cuidado con los excesos y si cogéis el coche no bebáis. Disfrutad de las últimas horitas de 2011 y… ¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!