Después de ver todo esto y de pasar por la tienda a ver los souvenirs (no pude resistirme a un bolígrafo muy gracioso que había, que parecía un lápiz de color) salimos a esperar
el autobús que sube al yacimiento. Su horario es de 10 a 18 h. cada media hora, y el precio de
ida y vuelta, 2,10 € por persona.
Al llegar cogimos un plano-folleto del sitio (que nunca viene mal) y echamos a andar, un poco sin rumbo y a la vez guiados por unas flechas que marcaban el itinerario. Me gustaría señalar que a pesar de lo grande que es, lo que nosotros podemos ver es solo un 5% del poco más del 11% que está excavado. ¡Impresionante! Por eso pienso que es tan pequeño lo que vemos y tan grande lo que podríamos ver…
Comienza la visita: Según cuenta en el folleto, cito textualmente: “el itinerario de visita se inicia hoy en el paseo de ronda de la muralla norte, aunque en el siglo X las visitas de carácter protocolario se realizaban partiendo de la muralla sur, ascendiendo hacia el Alcázar”. Vamos, que la visita que hacemos es justo al contrario de como se solía entrar antiguamente.
Restos de mosaicos en Medina Azahara, esperando a ser ordenados
A lo largo del recorrido llegamos a ver hasta 16 sitios diferentes: desde la Puerta Norte (por donde se entra), pasando por las caballerizas, las viviendas de servicio, la mezquita o el Salón de Abd al-Rahman III. Me llamó la atención los restos de mosaico que había ordenados en el suelo de algunas partes, listos para ser reconstruidos. ¡Vaya trabajazo! Y a mí que me cuesta hacer un puzzle…
Sobre las 2 de la tarde acabamos de ver Medina Azahara y nos volvimos.
El último bus del mediodía es a las 14.30 (si no recuerdo mal) y hasta las 15.30 más o menos no sale otro. Así que mi consejo es que, o bien organicéis la visita para pasar allí esa hora, o que cojáis el bus un poco antes de las 14.30 porque ese bus se pone hasta arriba de gente.
Ese día la comida no fue nada fuera de lo normal -más flamenquín, eso sí- y después tocaba visitar el
Alcázar de los Reyes Cristianos. Con una bonita luz de atardecer recorrimos los jardines, por los que se puede dar un paseo muy romántico :) Son grandes, aunque no tanto como los del Alcázar de Sevilla, del que hablaré en el próximo post. Cuando acabamos el paseo pasamos al interior, donde se pueden contemplar los salones y los baños que se conservan muy bien. Lo que más me gustó, a parte de los jardines, fue
subir a las torres. Yo subí ya de noche y no se apreciaba mucho las vistas que había, aunque Córdoba iluminada y desde cierta altura es preciosa también.
Alcázar de Córdoba
Tengo que decir que
por la noche iluminan la torre del Alcázar con una luz azul que me parece bastante fea, le da un aspecto un tanto de feria. Como dato de interés histórico, esta fortaleza, de origen militar, sirvió de alojamiento a los Reyes pero también como sede de la Inquisición. Y para finalizar, os comento que existe un espectáculo nocturno titulado “Córdoba, la luz de las culturas”, donde se mezclan agua, luz y sonido. Si queréis más información consultad en la web de turismo de Córdoba, porque en el folleto no pone mucho más.
Alcázar con iluminación nocturna, y de fondo la Mezquita-Catedral
Al salir del Alcázar fuimos a las
Caballerizas Reales, un poco de casualidad, todo hay que decirlo. No esperaba que estuvieran abiertas a esas horas (serían casi las 8) y tampoco sabía que
se podían visitar por libre, ya que por internet y en los horarios de monumentos que te dan en turismo, solo te vendían el espectáculo ecuestre por 15€. Así que ya os lo aclaro yo:
entrar a las Caballerizas Reales es totalmente gratuito, y el horario es de martes a sábado de 11 a 13.30 y de 17 a 20 h. y los domingos de 9.30 a 11.30 h. ¿Que qué hay en las Caballerizas? A parte del animal del que toma su nombre el lugar, como es obvio, hay también una pequeña exposición de coches de caballos. Mientras estuve allí pude ver cómo entrenaban a uno de los animales para esa exhibición de 15 euros. Un sitio curioso y visitable.
La Puerta del Puente o Arco del Triunfo, con decoración navideña
Qué más vimos ese día… Al pasar por el
Zoco, que es un mercado artesanal, tuve mi primer contacto con los patios cordobeses (de los que tengo pensado hacer un especial); vi el
Monumento a los Enamorados que hay al lado del Alcázar y paseé por una Córdoba nocturna e iluminada de Navidad, aunque muy sobriamente.
Qué bonito el Puente Romano iluminado y la Mezquita de fondo
A la hora de la cena el sitio elegido fue
Patio de la Judería, donde degustamos unas tapitas. El sitio es chulo, no os dejéis engañar por la web, que no está muy currada. Al lado de este restaurante hay una tetería a la que no llegamos a pasar pero que nos la recomendaron; no recuerdo el nombre, pero seguro que la encontráis fácil.
Así acabó el segundo día en Córdoba: entre tapas y la preparación del viaje a Sevilla del día siguiente. ¡Dulces sueños!
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