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Segovia, una ciudad histórica

09 mayo 2012

Para mí es una escapada de un día o un fin de semana, pero visitar Segovia puede convertirse en un lugar para darse unas pequeñas vacaciones y conocer también sus alrededores. Situado en el centro de la Península, al lado de bonitos pueblos como San Ildefonso o Riofrío, esta ciudad es una buena opción para hacer turismo.





Creo que lo primero que se nos viene a la mente si nos dicen Segovia, es el Acueducto. Es un monumento bastante impresionante, desde mi punto de vista, y de las primeras cosas que se ven al llegar a la ciudad, ya que sus 167 arcos destacan desde la lejanía.

Aparcamos sin problemas un poco a las afueras. Lo primero que hicimos al llegar fue comer, ya que previamente habíamos estado en San Ildefonso (lugar del que ya os hablaré más adelante) y llegamos al mediodía. No comimos en ningún sitio típico, normalmente vamos a lo barato, que no hay mucho dinerito… Pero permitidme que os hable un poco de la gastronomía segoviana. A la hora de comer, las calles se inundan con el olor de los diferentes asados, y el aroma a cochinillo,  lechazo, cabrito y cordero se mezcla en el ambiente. De postre se puede tomar, por ejemplo, un ponche segoviano, que es una especie de tarta de mazapán y bizcocho de la cual no podré disfrutar ni un pedacito por mis alergias 😓


 Después de comer nos perdimos por las calles de Segovia (bueno, previa recogida de plano en la oficina de turismo) y descubrimos sitios realmente bonitos. La Casa de los Picos (hoy en día sede de un centro de enseñanzas artísticas) fue uno de los que me llamó la atención porque la fachada es realmente fiel a su nombre. Hablando de fachadas, me gustaron mucho cómo estaban decoradas las de las casas. Casi todas tenían algún esgrafiado especial.



Iglesias también hay unas cuantas. La de San Martín por ejemplo no me pareció especialmente bonita, no por nada pero me recuerda demasiado a la de mi pueblo… Sin embargo la plaza donde se encuentra (Plaza de Bellas Artes) sí me gustó más, con la escultura a Juan Bravo y al fondo el museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente. La Iglesia de San Milán sí me gustó más, quizás porque tenía algo de influencia islámica, y a la Iglesia de la Vera Cruz no llegué a pasar, más que nada porque está por un camino perdido a las afueras de Segovia, solo la vi de lejos desde el Alcázar. Por lo visto, se dice que fue fundada por los Templarios.


Otra de las partes importantes a las que hay que prestar atención si se va a Segovia es a la Judería. Para conocerla más a fondo se puede visitar el Centro Didáctico de la Judería, que cuesta 2 € la visita general y además dar un buen paseo por sus calles. Uno de los monumentos más representativos es la Antigua Sinagoga Mayor, actual Convento del Corpus Christi. 

Ahora dejo a un lado los monumentos que vienen en cualquier guía de turismo para hablaros de unos pequeños “monumentos” que hay por las calles y que me gustan mucho por el valor histórico de algunos y lo curiosos que son otros. ¿Que de qué estoy hablando? Nada más y nada menos que de los carteles de las calles. Os he hecho un mix con algunos de los que me encontré por el camino, podéis verlos todos en mi página de facebook (y ya de paso, haceros fans! ^_^). El de la esquina inferior derecha se ve un poco mal, os lo traduzco por si acaso: “No se permite dejar carruajes en esta plazuela bajo multa de 5 pesetas”. Algunos carteles estaban muy malogrados y fue imposible distinguir lo que ponía, pero me gustaba intentar adivinarlo. Además que la ortografía no es siempre la misma que tenemos hoy en día.


A parte de recorrer las calles lo que más tiempo nos llevó en esta excursión fue la visita al Alcázar, que os contaré otro día para poder explayarme más tranquilamente porque como ya iréis sabiendo, soy una enamorada de los castillos :) 

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CÓRDOBA, día 2. Lo pequeño y grande que es Medina Azahara

04 enero 2012

Nos levantamos pronto porque habíamos quedado para ir a Medina Azahara esa mañana. Antes de salir hacia allá nos esperaba un buen desayuno en O mundo de Alicia, un bar-tetería de un diseño impecable y sorprendente donde llenamos el estómago con una (generosa) tostada y un café. Ahora sí, ya estábamos listos para salir hacia nuestro destino. 

Bar-tetería O mundo de Alicia

Para ir a Medina Azahara se puede ir en coche o en bus, aunque: 1) si vas en coche tienes que dejarlo en un aparcamiento y coger otro autobús que llegue hasta el yacimiento 2) Si vas en bus son 7 euros ida y vuelta y no sé si ese te lleva hasta el parking o hasta los restos de la ciudad, creo que lo primero.

Como habréis deducido, yo tomé la opción del coche, y sin problemas de aparcamiento, bajamos a ver la exposición. Digo exposición porque antes de nada, hay un museo donde tienes que solicitar tu entrada (gratuita). Este lugar está ideado para que te hagas una idea de cómo eran esas ruinas que vas a ir a ver; de quiénes vivían en esas casas y cómo estaban distribuidas las calles de la que fue la capital política y administrativa de Al-Andalus.

En el museo hay dos partes: una es una exposición permanente donde se muestra la historia de la ciudad con piezas significativas como capiteles, vasijas… y con actividades interactivas (más bien ordenadores); la otra parte es una sala donde proyectan una especie de documental que es súper interesante, porque hacen la recreación que os mencioné antes de cómo era Madinat al-Zahra.

Medina Azahara

Después de ver todo esto y de pasar por la tienda a ver los souvenirs (no pude resistirme a un bolígrafo muy gracioso que había, que parecía un lápiz de color) salimos a esperar el autobús que sube al yacimiento. Su horario es de 10 a 18 h. cada media hora, y el precio de ida y vuelta, 2,10 € por persona.

Al llegar cogimos un plano-folleto del sitio (que nunca viene mal) y echamos a andar, un poco sin rumbo y a la vez guiados por unas flechas que marcaban el itinerario. Me gustaría señalar que a pesar de lo grande que es, lo que nosotros podemos ver es solo un 5% del poco más del 11% que está excavado. ¡Impresionante! Por eso pienso que es tan pequeño lo que vemos y tan grande lo que podríamos ver…

Comienza la visita: Según cuenta en el folleto, cito textualmente: “el itinerario de visita se inicia hoy en el paseo de ronda de la muralla norte, aunque en el siglo X las visitas de carácter protocolario se realizaban partiendo de la muralla sur, ascendiendo hacia el Alcázar”. Vamos, que la visita que hacemos es justo al contrario de como se solía entrar antiguamente.

Restos de mosaicos en Medina Azahara, esperando a ser ordenados

A lo largo del recorrido llegamos a ver hasta 16 sitios diferentes: desde la Puerta Norte (por donde se entra), pasando por las caballerizas, las viviendas de servicio, la mezquita o el Salón de Abd al-Rahman III. Me llamó la atención los restos de mosaico que había ordenados en el suelo de algunas partes, listos para ser reconstruidos. ¡Vaya trabajazo! Y a mí que me cuesta hacer un puzzle…

Sobre las 2 de la tarde acabamos de ver Medina Azahara y nos volvimos. El último bus del mediodía es a las 14.30 (si no recuerdo mal) y hasta las 15.30 más o menos no sale otro. Así que mi consejo es que, o bien organicéis la visita para pasar allí esa hora, o que cojáis el bus un poco antes de las 14.30 porque ese bus se pone hasta arriba de gente.

Ese día la comida no fue nada fuera de lo normal -más flamenquín, eso sí- y después tocaba visitar el Alcázar de los Reyes Cristianos. Con una bonita luz de atardecer recorrimos los jardines, por los que se puede dar un paseo muy romántico :) Son grandes, aunque no tanto como los del Alcázar de Sevilla, del que hablaré en el próximo post. Cuando acabamos el paseo pasamos al interior, donde se pueden contemplar los salones y los baños que se conservan muy bien. Lo que más me gustó, a parte de los jardines, fue subir a las torres. Yo subí ya de noche y no se apreciaba mucho las vistas que había, aunque Córdoba iluminada y desde cierta altura es preciosa también.

Alcázar de Córdoba

Tengo que decir que por la noche iluminan la torre del Alcázar con una luz azul que me parece bastante fea, le da un aspecto un tanto de feria. Como dato de interés histórico, esta fortaleza, de origen militar, sirvió de alojamiento a los Reyes pero también como sede de la Inquisición. Y para finalizar, os comento que existe un espectáculo nocturno titulado “Córdoba, la luz de las culturas”, donde se mezclan agua, luz y sonido. Si queréis más información consultad en la web de turismo de Córdoba, porque en el folleto no pone mucho más.

Alcázar con iluminación nocturna, y de fondo la Mezquita-Catedral

Al salir del Alcázar fuimos a las Caballerizas Reales, un poco de casualidad, todo hay que decirlo. No esperaba que estuvieran abiertas a esas horas (serían casi las 8) y tampoco sabía que se podían visitar por libre, ya que por internet y en los horarios de monumentos que te dan en turismo, solo te vendían el espectáculo ecuestre por 15€. Así que ya os lo aclaro yo: entrar a las Caballerizas Reales es totalmente gratuito, y el horario es de martes a sábado de 11 a 13.30 y de 17 a 20 h. y los domingos de 9.30 a 11.30 h. ¿Que qué hay en las Caballerizas? A parte del animal del que toma su nombre el lugar, como es obvio, hay también una pequeña exposición de coches de caballos. Mientras estuve allí pude ver cómo entrenaban a uno de los animales para esa exhibición de 15 euros. Un sitio curioso y visitable.

La Puerta del Puente o Arco del Triunfo, con decoración navideña

Qué más vimos ese día… Al pasar por el Zoco, que es un mercado artesanal, tuve mi primer contacto con los patios cordobeses (de los que tengo pensado hacer un especial); vi el Monumento a los Enamorados que hay al lado del Alcázar y paseé por una Córdoba nocturna e iluminada de Navidad, aunque muy sobriamente.

Qué bonito el Puente Romano iluminado y la Mezquita de fondo

A la hora de la cena el sitio elegido fue Patio de la Judería, donde degustamos unas tapitas. El sitio es chulo, no os dejéis engañar por la web, que no está muy currada. Al lado de este restaurante hay una tetería a la que no llegamos a pasar pero que nos la recomendaron; no recuerdo el nombre, pero seguro que la encontráis fácil.


Así acabó el segundo día en Córdoba: entre tapas y la preparación del viaje a Sevilla del día siguiente. ¡Dulces sueños!

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