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Descubriendo una joya madrileña: el Monasterio del Paular

16 marzo 2016

No todo el mundo tiene la oportunidad de irse de viaje en Semana Santa. Por eso, para aquellos que nos quedamos en Madrid pero queremos huir de la gran ciudad, os propongo una escapada por la sierra madrileña, concretamente por la zona del  Valle Alto del Loyoza. Podéis hacer una excursión de solo un día, o bien alojaros en Rascafría para moveros desde allí, cosa que recomiendo si pensáis hacer alguna ruta.

Monasterio del Paular
Monasterio del Paular visto desde el Puente del Perdón

Sea cual sea tu opción, no debes perderte el Monasterio del Paular, una de las joyas arquitectónicas y artísticas del Valle del Paular. Este monasterio, cuyo nombre completo es Real Monasterio de Nuestra Señora de Santa María de El Paular, fue fundado en el siglo XIV. Hoy lo podemos conocer (previo pago de 5€ de entrada: museo + monasterio) gracias a los monjes que residen allí, ya hace más de 60 años. De hecho, la visita por todas las salas te la hace un monje la mar de agradable. Merece la pena pagar para conocer el lugar.

Retablo del Monasterio del Paular
Retablo del Monasterio del Paular

La visita comienza en la iglesia, relativamente pequeña, pero presidida por un inmenso retablo hecho de alabastro con recubrimiento de pan de oro. La autoría se le atribuye a tallistas genoveses, aunque más tarde los expertos dictaminaron que es una obra de artistas de la escuela burgalesa.

Cúpula del Monasterio del Paular
No dejes de mirar a todas partes: techo, suelo, paredes... Todo es impresionante.
Cúpula del Monasterio del Paular

Después de conocer un poco la historia de este magnífico lugar, pasamos a visitar otras estancias del monasterio: la Capilla de la Inmaculada, de estilo barroco; la Capilla de los Apóstoles, cuyos zócalos son de cerámica de Talavera, y después pasamos al sitio que más me impresionó: el Tabernáculo o Transparente.

Tabernáculo o Transparente del Monasterio del Paular
Tabernáculo o Transparente del Monasterio del Paular

Lo primero que pensé al pasar allí fue… ¿por qué demonios no sabía que esto estaba aquí? Una sala de mármol, muy ornamentada, en cuyo punto más alto el techo llegaba hasta los 15 metros de altura. Cualquier foto que ponga no hace justicia, me resultó imposible retratar aquel lugar. Aún así os pongo una, aunque ya os digo que no se aprecia ni remotamente lo que allí había. De nuevo os remito a la web del monasterio para que veáis más fotos y aprendáis más de este lugar que me dejó completamente hechizada.

Comedor del Monasterio del Paular
Comedor del Monasterio

El listón estaba muy alto ya, y por eso, cuando después pasamos a la Sacristía, me parecía sobria en exceso, rozando lo desangelado. Cuando entramos en la siguiente sala, alguien tuvo a bien comentar que allí olía a patatas con chorizo, o algo así. Yo, con mi nariz taponada por los mocos que me suelen acompañar durante todo el invierno, no olía nada, pero pensé que estaba un poco loco aquel señor. Pues no, no estaba loco, yo era una prejuiciosa. Aquel señor tenía toda la razón, porque aquella estancia era el comedor. Aunque solo se utilizaba para ocasiones espaciales (cuando hay más de 30 monjes congregados), la cocina debía quedar cerca, y era casi la hora de comer.

Patio del Monasterio del Paular
Patio del Monasterio del Paular

Por último, visitamos el Claustrillo y el Gran Claustro, donde la exposición de cuadros de Vicente Carducho y el museo. Es interesante visitarlo, ya que se ven las diferentes etapas por las que ha pasado el Monasterio, y cómo estaba antes y después de las restauraciones.


La conclusión de todo esto es que, si eres madrileño y no has visitado este monasterio, no tienes perdón :P Tienes que ponerle remedio cuanto antes. Tenemos verdaderas joyas a un paso de casa, solo es cuestión de ponerse a descubrirlas :)

¿Os ha gustado? Contadme vuestra experiencia por aquí, si vosotros conocíais ya el monasterio o vais a ir próximamente. Y no os olvidéis de seguirme en FacebookTwitterInstagram y Youtube para no perderos ninguna novedad del blog :)

Rascafría para todos los públicos

10 marzo 2016

A veces, el cerebro se satura y necesita desconectar. Por eso, en cuanto se me ha presentado ocasión, me he escapado a la sierra, a ver la nieve y a disfrutar del aire puro de la montaña. Esa es la historia de cómo he acabado pasando un fin de semana en Rascafría, un pueblo de la serranía madrileña.


La villa en sí no tiene mucho que ver, algo que ya sospechaba antes de ir y que me confirmó la chica de la oficina de turismo (encantadora, por cierto). Sin embargo, el entorno es absolutamente impresionante.

Llegamos un viernes por la noche, y tuvimos la inmensa suerte de aparcar en la misma Plaza del Ayuntamiento, a 20 metros de nuestro alojamiento, el Hotel Rural Casa Granero. Ya os hablaré más a fondo en otro post, de momento os digo que es buena opción de alojamiento :) Y si no, mirad las vistas que tenía desde mi habitación, ¡casi no me apetecía ni salir!

Las vistas desde mi habitación del Hotel Rural Casa Granero

Rascafría es ideal para pasar un fin de semana, porque es cuando más vida tiene el pueblo. Familias que van a la montaña, grupos de amigos de picnic, parejas, colegios de excursión (yo misma estuve allí con el cole cuando tenía 6 años). Un lugar apto para todos los públicos. Si eres de Madrid o de los alrededores, también puede ser una opción genial para pasar solo un día. Los planes que te propongo puedes hacerlos todos en un mismo día, o espaciarlos y tomártelo con calma como hicimos nosotros.


Este pueblo se sitúa en el Valle Alto del Lozoya, muy próximo al Pico de Peñalara, cerca del Puerto de Cotos. Hay multitud de senderos para hacer a pie o en bici, pero nuestro objetivo del fin de semana era mucho más modesto: conocer el Monasterio del Paular y pasear por la zona.

Desde Rascafría puedes ir caminando hasta el Monasterio del Paular, hay como un par de kilómetros. Está comunicado por un camino bueno, asfaltado, muy fácil de hacer. Para que os hagáis a la idea, no solo estaban los típicos senderistas vestidos de pies a cabeza de Quechua y con los palitos esos para caminar, también había familias con sus niños paseando por allí.

Monasterio del Paular

El paseo transcurre a orillas del Lozoya, que bajaba con ganas. No era un camino muy bonito, pero es que era el más corto y nos interesaba llegar al monasterio a las 12 que empezaba la visita guiada. Hay otro camino más bonito, que es el que luego utilizamos para volver. Además, hay una tercera opción por si no te apetece caminar, y es que puedes aparcar en el mismo monasterio. La visita cuesta 5€ (combinada para toda la zona monacal y para el museo), y os la recomiendo encarecidamente. De nuevo, me dejo pendiente para otro post hablaros de este precioso lugar.

Bosque de Finlandia, Rascafría

Al acabar la visita, volvimos paseando a Rascafría pero por el camino bonito, el que sale de al lado del Puente del Perdón. Ahora sí podíamos entretenernos más, y fuimos caminando tranquilamente por el llamado Bosque de Finlandia, que ese día tenía un aire entre encantador y siniestro.

Subida al mirador de los Robledos, Rascafría

Otro de los lugares que no tenéis que dejaros sin ver es el Mirador de los Robledos, al que podéis acceder por la carretera del Monasterio del Paular en dirección Cotos. El acceso para subir en coche estaba completamente helado, por lo que aparqué en el parking de un restaurante unos metros más delante de la entrada del mirador. El ascenso a pie es fácil, pero si vas en esta época que está todo nevado, debes ir bien equipado, con calzado para nieve. Desde ahí se contempla una estupenda panorámica de la zona.

Vistas desde el mirador de los Robledos, Rascafría

Como veis, un fin de semana completito. Si queréis tener uno parecido, podéis buscar alojamiento en Tuscasasrurales.com, que es donde lo hice yo, y ahí elegís el que más se adapte a vuestros gustos y bolsillo.


¡Contadme! ¿Conocéis la zona? ¿Os ha gustado? Yo estoy deseando volver para poder hacer más rutas, conocer las Presillas o la Cascada del Purgatorio, que me han dicho que es espectacular. Bueno viajeros, ¡hasta la próxima!

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Patones de Arriba, un solitario pueblo de piedra y pizarra

04 diciembre 2011

Patones de Arriba
Patones de Arriba
Con esa frase describiría yo Patones de Arriba, un pueblo de la serranía madrileña. Antes de seguir con el post tengo que aclarar que yo lo visité un lunes, ya que si vas un festivo o fin de semana esa descripción sería totalmente incorrecta. Así que primera recomendación, id un día “no turístico” si tenéis oportunidad. No solo porque es muchísimo más bonito y placentero, sino porque está prohibido entrar en el pueblo con el coche y hay que dejarlo en un minúsculo aparcamiento a la entrada. Imaginaos cómo se pone ese parking, rebosante de coches que llegan incluso a ocupar las cunetas de la carretera.

Patones de Arriba
Estos fueron los únicos habitantes de Patones que vi

Dejando a un lado esto, pasamos a la visita en sí a Patones, un pueblo o aldea en el que vi más gatos y perros que personas. Exactamente, en mi paseo, vi dos turistas y dos obreros, y gatos… Por lo menos 10 distintos. Para que os hagáis una idea del relax que se respiraba :) No puedo más que describiros el paseo, porque el pueblo es lo que tiene encanto en sí mismo. Ni monumentos ostentosos ni nada por el estilo.

Sus pequeñas calles y casas están construidas en pizarra y piedra, con unos muros muy gruesos (en las casas semiderruidas se aprecia la anchura de casi un metro) para proteger a sus habitantes de las inclemencias del tiempo; hay cuestas por todas partes, y así, entre subidas y bajadas, vas recorriendo este pueblo declarado Bien de Interés Cultural. Actualmente es muy pequeño, pero como se aprecia en la panorámica parece que antes tenía mucha más extensión, por todas esas ruinas.

Patones de Arriba
Patones de Arriba

Es un lugar magnífico para hacer senderismo (de hecho, forma parte de las Sendas Verdes de Madrid): la Senda del Genaro, que parte del Berrueco y pasa por Patones de Arriba, se puede coger en su segunda etapa. La longitud total de la Senda del Genaro es de 70 km., aunque este segundo tramo que va desde Patones al Atazar “solo” son 15,6 kilómetros, con una duración aproximada de 5 horas. Ahora que me he comprado unas botas nuevas y adecuadas para estas cosas, quizás me haga este camino.

Patones de Arriba
Panorámica de Patones de Arriba. A la izquierda, las casas que quedan. A la derecha, ruinas del pueblo

En la parte de abajo del pueblo (no sé describirlo mejor), donde comienza la ruta de la que os he hablado, hay también un riachuelo que puedes seguir hasta llegar a un puente –ese que os puse en twitter- que os devuelve a Patones de Arriba.

Con esto, salvo que hagamos alguna de las sendas o investiguemos la carretera/camino cercana al parking, ya hemos visto todo. Mencionaré que está el Ecomuseo de la pizarra al aire libre, es decir, dos sencillos itinerarios señalizados con paneles informativos y que comienzan en el Centro de Iniciativas Turísticas, Educativas y de Ocio (el CITECO, en la entrada del pueblo), con sede en la antigua Iglesia de San José.

Los amantes del deporte, a parte del senderismo pueden ir un poco más allá de Patones, hasta la Presa del Pontón de la Oliva, donde hay un peñasco donde se hace escalada. Por lo que estoy leyendo en internet lo califican como “la zona de escalada sobre roca caliza (calcoarenita) más conocida y concurrida de los alrededores de Madrid y probablemente de toda la zona centro”.  

Pontón de la Oliva
Pontón de la Oliva

Y para acabar el post sobre este pueblo tan encantador, con un ambiente rural ideal, os dejaré lo que ponía en un cartel de una de las casas patoneras. ¡Qué curioso!

 "El Rey de los Patones reinó durante el mandato del Rey de toda España Carlos III y con sentimiento durante la invasión napoleónica del año 1808. Fue el único pueblo de España que por estar oculto en esta inaccesible sierra, se libró de los invasores franceses

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