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Faro del Caballo: al cielo se llega bajando 800 escalones

08 mayo 2018

¡Pero si el cielo está hacia arriba! Me dirás. ¡Habrá que subir, no bajar! Me dirás. Bueno, eso es subjetivo. El cielo como paraíso, para mí, es algo así como el paisaje que te encuentras después de bajar los cerca de 800 escalones que hay hasta llegar al Faro del Caballo, en Santoña. ¿Me acompañas?


Lo primero que tienes que hacer para realizar esta ruta es llegar hasta Santoña, en Cantabria. Las veces que hemos hecho esta ruta hemos tenido suerte de poder aparcar cerca del Fuerte de San Martín, que es donde comienza el sendero.
  • ¡OJO! Te recomiendo que preguntes a algún lugareño por el comienzo de la ruta, porque los escalones están un poco escondidos, y el primer año que la hicimos nos fuimos por otro camino que luego tuvimos que deshacer.

Una vez iniciada la ruta, un cartel nos indica 12 kilómetros hasta el faro. No llevaba podómetro (ya enmendaré ese error la próxima vez), por lo que no os lo puedo certificar. Yo creo que son unos 12 kilómetros entre ida y vuelta, que es como dos horas de ir y dos de volver.


Hay como dos tipos de paisaje a lo largo del camino: uno, completamente inmerso en la vegetación; otro, con unas impresionantes vistas al mar. En cualquier caso, ambos se hacen por un sendero pedregoso, por lo que hay que hacer la ruta con un calzado adecuado. Yo lo hice con deportivas porque fue un plan un poco improvisado, y se puede hacer más o menos bien. Lo único que, al ser tan pedregoso, hubiera ido mejor con un calzado -aunque fuera básico- de trekking.


El recorrido tiene alguna parte un poco más incómoda, pero tampoco diría difícil. En la web del Faro del Caballo indican la ruta con una dificultad del 50% y un desnivel acumulado de 540 metros. Yo no hago deporte, y la ruta la salvé sin problema.



Después de la caminata llegamos al primer momento clave: ¡la bajada! El número exacto de escalones varía mucho según la fuente. Yo os pondré el que encontré en un cartel de la ruta: 769 escalones. Creo que es alguno menos, a no ser que quieras bajar justo al ras del mar. Yo, como no me iba a tirar al agua y me quedé a la altura del faro, serían unos 700 los que bajé (que ya está bien).



La bajada es durilla, aunque nada comparada con la subida. A lo largo del recorrido hay un cable de acero para ayudarnos en el descenso/ascenso, y descansillos para parar y no estorbar a los demás visitantes del faro. Cuando llegas abajo, el faro no es gran cosa (en mi opinión), pero el entorno… ¡GUAU! Unas aguas turquesas, preciosas, con los acantilados formando cuevas. ¡Una pasada!



Mi novio se llevó para hacer snorkel y estuvo viendo los fondos, y dice que merece la pena. Además, si bajas un poco desde el faro hay una zona desde donde la gente valiente (o sea, yo no) se tiraba al agua con una cuerda. Te recomiendo que lleves algo de almuerzo para tomártelo allí. Reposas un rato, te bañas y te vuelves a subir los 700 escalones.
  • ¡OJO! Si tienes pensado bañarte, ten en cuenta que dependiendo de cómo esté la marea será más o menos fácil. La última vez que estuve, la marea estaba baja, y si te tirabas al mar luego era un poco más complicado salir, porque la cuerda o los escalones que había para ayudarte en la salida quedaban un poco altos.



El momento clave número dos es la subida de los escalones. Es bastante dura, al menos para la gente que no está en forma, como yo. Ahora, también te digo, que puedes hacerlo con un pequeño esfuerzo, ¡merece mucho la pena!

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Santoña, de ruta por el Fuerte de San Martín

17 noviembre 2013

¿Qué es lo primero que se os viene a la cabeza si digo Santoña? Debe ser que yo tengo fijación con la comida (como con las berenjenas de Almagro) porque a mí… ¡me recuerda a las anchoas!


Dejando a un lado las anchoas, vamos a ver qué más hay en la villa marinera de Santoña. Para empezar, si vienes desde Laredo vas contemplando las marismas a los lados de la carretera. Esto es un parque natural que abarca unas 4.000 hectáreas y donde podemos observar unas 120 especies animales, aves en su mayoría. Yo solo lo vi de paso en el coche, por lo que no pude apreciar esta diversidad animal.


Llegamos al pueblo y aparcamos al lado del puerto. El Paseo de los Salazoneros Italianos es el camino que discurre al lado del puerto y donde hay un mirador muy chulo construido como si fuera la proa de un barco. En uno de los extremos del paseo está la plaza de toros (inaugurada en 1907), que tampoco me llamó excesivamente la atención.


Cogimos de nuevo el coche y fuimos hacia la zona de playa. Por ahí era más difícil aparcar pero lo conseguimos. Intenté encontrar la oficina de turismo pero no lo conseguí, no venía muy bien indicada en los carteles y a la gente que pregunté no me supo decir. Así que fuimos dando un paseo a ver qué descubríamos.


Así llegamos al Monte Buciero, donde hay unas cuantas sendas para hacer. Nosotros optamos por subir al Fuerte de San Martín. Esta fortaleza fue construida en el siglo XVII, o al menos la primera mención es de ese siglo. Después ha sido reconstruido en varias ocasiones y ahora se conserva bastante bien. Es posible pasear por caminos del fuerte y por el interior, e imaginar los ataques que se planeaban y/o evitaban desde allí.





El Fuerte de San Martín no es el único que se conserva en Santoña: también está el de San Carlos (el más antiguo de la localidad) y el de Napoleón, cuya construcción fue dirigida por el mismísimo emperador francés. Los tres fuertes ostentan el título de Bien de Interés Cultural.

En la subida por el fuerte de San Martín encontramos una virgen en lo alto de la montaña. Con unos 10 metros de altura se alza imponente una estatua de la Virgen del Puerto, patrona de la ciudad. A ella se la dedica el 7 de septiembre una procesión por la villa santoñesa.



Esta es la parte más “natural” de Santoña. Pero si sois más de ver monumentos también tenéis alguno. Por ejemplo el Palacio del Duque de Santoña, un edificio del siglo XIX que no vi y donde en su interior se encuentra (¡tachán!) la Oficina de Turismo. Otro Palacio es el de los Marqueses de Chiloeches, un par de siglos más antiguo que el del Duque y que fue hospital militar durante la guerra civil.

Antes de acabar mi post sobre esta localidad cántabra os contaré una curiosidad. ¿Sabíais que el primer hombre que realizó un mapamundi es de Santoña? Pues sí, se llama Juan de la Cosa y en 1500 dibujó sobre un pergamino la representación más antigua que hoy se conserva del continente americano.

Con esto y un bizcocho, hasta otro día a las ocho. Espero que no pase tanto tiempo entre post y post que os echo de menos.


¡Un saludo viajeros!

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