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Ávila, belleza entre murallas

28 enero 2015

Una de las cosas que adoro de vivir en Madrid es que puedo ir de excursión (entiéndase por excursión un viaje de ida y vuelta en el día) a muchos lugares. En este caso, el sitio que escogimos fue Ávila, esa ciudad de Castilla y León famosa, entre otras cosas, por sus murallas.

Muralla de Ávila

Allí llegamos tras un tortuoso viaje por carreteras estrechas llenas de ciclistas, después de visitar también Navas del Marqués, pueblo del que ya os hablaré más adelante. Aparcamos a las afueras de las murallas, concretamente en la Calle del Río Tormes, cerca de la puerta de Santa Teresa. No fue excesivamente complicado aparcar, pero ese día no había demasiada gente en la ciudad.

Fuimos a la Oficina de Turismo (OT) para coger el plano de rigor, pero por el camino aprovechamos para ver algunos monumentos por fuera, como el Convento y Museo de Santa Teresa. Llegamos por fin a la OT, situada al lado de la Puerta de las Carnicerías. Junto al plano nos dieron una hoja con los horarios y precios de los monumentos, algo que me parece que deberían hacer todos los lugares turísticos, ya que facilita mucho la visita a la ciudad. Además, me permitió llegar a la conclusión de que le debo una visita más en profundidad a Ávila, comprando la tarjeta turística VisitÁvila (entre 13 y 15€) que merece la pena al menos económicamente. Nadie me ha pagado por decir esto, que conste en acta, que últimamente está la gente muy desconfiada. Simplemente eché cuentas y me parece que renta.

Catedral de Ávila


Continúo. Uno de los sitios que más ganas tenía de visitar era la Catedral, la primera de estilo gótico en España. Me pareció sumamente impresionante, ya no tanto por fuera sino por dentro. Y eso que solo asomé la cabecita, porque costaba 4€ y no quedaba mucho para cerrar, no merecía la pena. Ya la visitaré en otra ocasión.

Muralla de Ávila

El gran atractivo de Ávila, como ya os he comentado, son sus murallas. Están muy bien conservadas, pese a tener un origen medieval, y puede subirse a ellas por 5€. De nuevo, para la próxima. Sí las recorrimos por dentro y por fuera, entrando y saliendo en varias ocasiones por las diversas puertas que tiene. Adosado a la muralla está el Convento del Carmen, desde donde sales y puedes tener unas bonitas y vistas


Convento del Carmen (Ávila)

Si tuviera que elegir un tercer lugar de Ávila con el que quedarme sería la Iglesia de San Pedro (entrada 1,5€), en la Plaza del Mercado Grande. Me gusta su ubicación, porque a diferencia de otros templos (como la Catedral) se puede admirar perfectamente porque es una plaza amplia. Además, si te cansas de ver la iglesia te das la vuelta y disfrutas de la muralla.

Iglesia de San Pedro

Plaza del Mercado Grande

Iglesia de San Pedro


Sin duda, elegir San Pedro ha sido una elección difícil, porque esta provincia castellano-leonense tiene un montón de lugares que visitar. Os recomiendo ojear la web de turismo, porque yo no voy a hablaros de tooodos estos sitios, y ahí encontraréis información de horarios, precios y direcciones.

Sí que os comentaré qué es lo que más me llamó la atención de mi recorrido por Ávila. La Basílica de San Vicente me impresionó por fuera, un poco por la misma historia que San Pedro. Grande, bonita, imponente, y admirable desde todos los ángulos. Por algo será Monumento Nacional desde 1923, ¿no?

Basílica de San Vicente

Estuvimos todo el día pateando Ávila de arriba abajo, pero paramos a comer. El sitio que elegimos fue Lis&Com, situado a 2 minutos de la Iglesia de San Pedro, bueno bonito y barato. Ya os hablaré de él en un post aparte :) Por lo demás, un descansito en la Plaza del Mercado Chico, donde se encuentra el Ayuntamiento y numerosos bares, cafeterías y tiendas de chucherías donde reponer fuerzas. Y eso es lo que hicimos: unas botellitas de agua ¡y de vuelta a Madrid!


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La gran muralla de Cuéllar

23 marzo 2012

¡Por fin! Tenía muchas ganas de contaros mi escapada del 19 de marzo (al menos la primera parte), y después de una ajetreada semana, esta tarde he conseguido ponerme a ello. Ahí va. 

Aprovechando que el lunes teníamos el día libre con motivo de la festividad de San José, me fui con mis padres a conocer Cuéllar, un pueblo de Segovia. La idea de visitar este pueblo en concreto salió de una bolsa que tenía en la terraza con folletos de mi visita a Fitur. Cuéllar me conquistó por su castillo y la cantidad de cosas que tenía por ver.

Cuellar, Segovia
Este es el folleto que me cautivó y me animó a visitar Cuéllar

Cogimos el coche sobre las 9 de la mañana y allá que fuimos. Después de unos 160 km. llegamos a nuestro destino. Cuéllar parecía, a priori, un sitio más turístico y me esperaba que estuviera a reventar de turistas que como nosotros, aprovechaban el día del padre para conocer algún sitio nuevo. Pero nada más lejos de la realidad. Atravesamos el pueblo acercándonos al castillo y casi no vimos a nadie… Mejor a la hora de aparcar, todo sea dicho.

Cuellar, Segovia
Iglesia de Santa María de la Cuesta, Cuéllar

Finalmente dejamos el coche al lado del Arco de San Andrés, que daba acceso al recinto amurallado de la ciudad, y comenzamos la visita. Nuestra intención era visitar lo primero el castillo, entre otras cosas, porque allí se encuentra la oficina de turismo. La realidad fue que llegamos antes a la Iglesia de San Andrés, no muy llamativa por fuera y desconocida por dentro porque no pudimos pasar.

Paseando bajo un sol engañoso no tan abrigada como debería (hice una mala asociación de esas de hace sol/no hace frío) llegamos al Castillo del Duque de Alburquerque. Como ya he comentado en alguna que otra ocasión, soy bastante fan de los castillos y este me pareció bonito y bien cuidado. No en vano es Monumento Artístico Nacional desde 1931 y lo han restaurado más o menos recientemente. Pero del castillo ya os hablaré en el próximo post, ahora quiero contaros qué más vimos en este pueblo segoviano.

Cuellar, Segovia
Muralla de Cuéllar

Otro de los encantos de Cuéllar es la muralla que rodea una pequeña y a la vez gran parte del pueblo. Tiene su origen en siglo XII, y además del muro en sí tiene varios arcos mudéjares. Puedes subir a ella por 1 €, nosotros decidimos no hacerlo porque desde el castillo ya tuvimos unas buenas vistas (de hecho, me gusta como se ve en la foto que os pongo porque parece súper larga, es lo único bonito de la foto). Lo que sí hicimos fue pasear por los alrededores, desde donde salen varios senderos.

Ahí cerquita teníamos la Iglesia de San Martín, actual Centro de Interpretación del Arte Mudéjar, que al igual que el castillo fue declarada Monumento Artístico Nacional en el mismo año, y restaurada en los años 80. No sé qué tal estará pero la entrada cuesta 3,10 €. Os cuento los precios porque a mí me gusta consultarlos antes de ir a un sitio para prever el gasto que tendré y en este caso no están por internet (que yo haya visto), así que os los voy dejando caer (tampoco tenían ningún folleto que pudiera escanear, podéis verlos en esta foto de mi facebook).

Cuellar, Segovia
Iglesia de San Martín, actual Centro de Interpretación del Arte Mudéjar,(Cuéllar)

Bajando centro del pueblo con las cámaras de foto desenvainadas, se nos acercó un anciano lugareño: ¿sabéis cuál es el colmo de un fotógrafo? ¡Hacer una foto a un muerto y que te salga movida! A mí me hizo mucha gracia, más que nada por cómo se nos acercó el hombre y nos lo contó. Con la risa floja pasamos por otro de los arcos, esta vez el de San Martín.

Hablando de arcos, al de San Basilio se podía subir, pero dijimos esa maldita frase “cuando volvamos a pasar, subimos”. No lo hicimos en su momento, no recuerdo por qué, y tampoco lo hicimos después. Lástima…

Y a lo que iba, la siguiente zona que me llamó la atención fue el Parque Arqueológico de San Esteban, donde además de la iglesia con el mismo nombre, se pueden ver varias tumbas antropomorfas y varios silos que más tarde fueron pozos para almacenar la nieve.

Cuellar, Segovia
Arco de San Basilio

Cuellar, Segovia
Tumba del Parque Arqueológico de San Esteban

Vimos más cosas y otras tantas las dejamos por ver. Nuestra idea original era haber comido en el pueblo y haber pasado el día allí, pero salvo un restaurante que no nos llamó la atención (vendían el “típico plato mudéjar” que no era otra cosa que chorizo y huevos fritos), estaba todo completamente cerrado.

Por eso alrededor de las 3 de la tarde y con el estómago rugiendo ferozmente, nos montamos en el coche rumbo a buscar un sitio donde comer. Se nos fue de las manos y acabamos… ¡En Valladolid! Pero como dicen en mi libro favorito, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión :)

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