Mi no balance del año 2013

31 diciembre 2013

¡Buenas tardes noches a tod@s!

Ya estaréis en el aperitivo de Nochevieja, o preparando la cena, arreglándoos... Bueno, pues yo había pensado hacer un balance del año 2013 pero al final me arrepentí. Ya hay bastantes balances, estadísticas, datos, propósitos viajeros y no viajeros en otros blogs :) 

Así que yo solo quiero desearos lo mejor para el año que viene. Sobre todo lo principal, salud, dinero y amor, y luego lo que venga además será bienvenido. Yo le pido al 2014 que al menos, me deje ser tan feliz como en este 2013 que se nos acaba. Y que me deje seguir dándoos la plasta contando mis aventuras por aquí y por allá :)

Muchos besos y abrazos, nos leemos, nos vemos y nos seguimos. ¡Hasta el año que viene!



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Pedaleando por Santander

22 diciembre 2013

Llevaba un par de días en Cantabria y no había parado. Teníamos planeado visitar más o menos uno o dos sitios por día, y aquel miércoles tocaba Santander, cuyo nombre se cree que deriva de “San Emeter”.


Salimos desde Torrelavega en el FEVE y llevamos las bicis con nosotros para movernos sobre ruedas allí, de forma ecológica y económica. El día acompañaba y aunque yo no soy nada deportiva, acepté el reto de recorrer Santander en bici. ¡Qué ingenua fui!

Salimos del FEVE en Santander tras media horita de viaje en tren (esta opción cuesta 4,80€ ida y vuelta). Mientras viajaba aproveché para bajarme una APP de Santander Turismo llamada SmartSantanderRA, aunque también llevaba un plano en papel. Lo más curioso de la APP era que tenía vista de realidad aumentada, es decir, enfocabas con tu móvil al monumento y decía lo que era.

Lo primero que hicimos al llegar fue ver el barrio pesquero. Con la brisa mañanera paseamos por el muelle de Santander. No había mucha vida allí a esas horas, pero me dijeron que por ahí suelen sacar el pescado a la calle y montarse unas parrilladas que no veas. Después de esto continuamos hasta el centro.

Yo iba con la lengua fuera ya, es lo que tiene no coger mucho la bici. Llegamos a una de las calles principales y aparcamos en un sitio destinado a ello. A patita recorrimos una parte de Santander, empezando por la iglesia de la Anunciación, que solo vimos por fuera.

Pasamos por el Ayuntamiento y después a la Catedral. Visitarla era gratis pero tuvimos problemas para pasar, porque llevábamos camisetas que nos dejaban al descubierto los hombros. Por suerte yo llevaba una camiseta y me tapé con ella, así que nos dejaron pasar. El interior es bonito, pero nada fuera de lo normal para mi gusto. Me gustó bastante más el claustro, que se añadió un siglo más tarde de la construcción de la Catedral.




Al lado de la Catedral (de hecho yo pensé al principio que formaba parte de ella) está la Iglesia del Santísimo Cristo. Esta me gustó mucho, porque era pequeña, recogida y me pareció diferente a otras que he visitado. Es del siglo XII y también se la llama Iglesia Baja.

Al lado de la Catedral se encuentra el edificio de Correos, de estilo montañés construido en el siglo XX. Pusimos rumbo a la oficina de turismo, por la que aún no habíamos pasado aún. De camino vimos también el edificio del Banco Santander.

En la oficina de turismo vimos que había paseos en barco y aprovechamos para informarnos. Hay varias: una que visita la bahía de Santander, otra con visión del fondo marino y una tercera que va por el Río Cubas. Los precios de las excursiones rondan los 10 euros (aproximadamente), y merecen la pena. Nosotros nos decidimos por la de la bahía. Nos llamaba la atención la del fondo marino, pero como el mar se veía un poco revuelto, no nos arriesgamos.



Hicimos bien, porque había muchas corrientes y no hubiéramos visto nada, solo un montón de arena revuelta. De hecho, nuestra visita fue algo más corta porque el barco no podía acercarse hasta el Faro de Cabo Mayor. El recorrido que hicimos fue desde el embarcadero, pasando por Puerto Chico, la Playa de la Magdalena, El Sardinero, Isla Mouro y vuelta bordeando la Playa de Somo. Para amenizarnos el paseo nos subimos un aperitivo, aunque hay bar en el barco.



Cuando salimos del viaje en barco fuimos bordeando el mar por la carretera hacia el lado del Palacio de Festivales, un edifico un tanto feo (por fuera) para mi gusto. Antes de que se inaugurara en 1991, los festivales de música y danza se realizaban en la Plaza Porticada.

Continuamos y pasamos por la puerta del Museo Marítimo del Cantábrico. Nos llamaba bastante la atención, así que allá que fuimos. La entrada general cuesta 8 euros.


El museo tenía 4 plantas visitables y las visitamos de arriba abajo sin perdernos detalle. Empezamos por la terraza-mirador que hay pasando al restaurante, y seguimos por las maquetas de barcos. Vimos recreaciones de camarotes, aprendimos cómo vivían los pescadores y otras cosas interesantes relacionadas con el mundo del mar. No se podían hacer fotos en el museo, salvo en el acuario, que fue mi parte favorita. En definitiva, un museo que merece la pena ver.

A todo esto eran las 3 de la tarde, no habíamos comido  y no sabíamos cuándo podríamos comer. Queríamos tomarnos un bocadillo en el primer sitio barato que viéramos, pero a la vez avanzar más en nuestra ruta ciclista. Así que continuamos pedaleando.


Llegamos a la Península de la Magdalena y disfrutamos de la brisa marina mientras veíamos los pingüinos y leones marinos que allí tienen. Además de la parte “natural”, allí está el Palacio de la Magdalena, de principios del siglo XX. Solo lo vimos por fuera porque estaban con cursos de verano, ya que ahora es la Universidad Menéndez Pelayo. Si quieres visitarlo por dentro, te recomiendo que mires su web para ver horarios y precios. Fue residencia de Alfonso XIII entre 1913 y 1930, y para decorarlo se llevaron árboles y arbustos desde El Pardo (Madrid).


Después de este bonito paseo, en el que pudimos ver también varios mascarones de proa que tenían expuestos y esculturas realizadas directamente en los troncos de los árboles, paramos a comer. Sentados al lado del paseo marítimo zampamos unos bocadillos y después fuimos al Faro de Cabo Mayor, nuestra última parada (al menos dentro de Santander).


Ya casi no tenía fuerzas y fue un tortuoso camino hasta el faro. Arrastrando la bicicleta conseguí llegar hasta arriba, donde disfrutamos de unas vistas que hicieron que mereciera la pena la subida hasta allí. El faro, de unos 30 metros, se encendió por primera vez en 1839.

Así acabó mi paseo por Santander, aunque os comentaré que luego seguimos hasta la playa de la Virgen del Mar (ahí está la Ermita donde se guarda la patrona de Santander), donde nos dimos un bañito en una cala para refrescarnos tras un caluroso día. Lo gracioso fue que tuvimos que salir corriendo porque se nos pasó la hora y casi perdemos el último tren. Lo pasé fatal porque se hacía de noche y no teníamos luces… Total: 25 km. andados en bicicleta, unos mejor y otros peor, que me hicieron llegar más que agotada a Torrelavega :) ¿Cuál será el próximo destino?


¡Felices fiestas viajeros!

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Un primer paseo por Noja

23 noviembre 2013

Ya quedaban pocas horas de luz y aún queríamos visitar Noja. ¿Qué había allí? No lo sabíamos bien, pero pronto lo descubriríamos. Llegamos y nos invadió su ambiente fiestero, tenían la verbena montada y las calles estaban llenas de gente (no sé qué festividad sería porque era mediados de agosto y no viene esa fecha en la web de turismo)

Aún así, conseguimos aparcar bastante céntrico y nos dirigimos –cómo no- a la oficina de turismo. Allí, además de un plano vimos que había una APP de Noja Turismo y me la descargué. Me pareció una cosa bastante interesante, yo es la primera vez que la veía. Lo sé, soy una viajera inexperta y estas cosas me parecen nuevas :)

Plano en mano y APP en móvil, nos dimos una vuelta. En pleno centro encontramos la Iglesia de San Pedro, que pudimos ver por dentro y por fuera porque estaban en misa y se nos permitió asomar la cabecita al interior. A esta iglesia, construida sobre un monasterio del año 1000 se la llama también el Faro de Noja, ya que la torre está construida para que la vieran los marineros desde el mar.



Como era tarde (os recuerdo que ese día visitamos Castro Urdiales, Laredo y Santoña) lo de visitar museos y otros monumentos lo teníamos complicado. Aún así tuvimos suerte y pasamos al Palacio de los Marqueses de Albaicin, de acceso gratuito. Estuvimos paseando por los jardines y pasamos al interior de la casa, donde había una exposición de cuadros. Si querías visitar la casa sí costaba dinero, por lo que decidimos dejarlo para futuras ocasiones. En el jardín había un pequeño estanque, una bolera al estilo cántabro y una exposición de bonsáis.





Cuando salimos barajamos las opciones que teníamos: ver los monumentos a carreras desde fuera o hacer una ruta en la playa, aprovechando los últimos rayos de sol. Optamos por esta última y fue una decisión muy acertada :)

Como os digo era tarde y no pudimos hacerla completa, pero optamos por una facilita y con buenas vistas, la Ruta de la Costa (3 km.). Para hacerla nos pusimos las chanclas de playa, porque la mayoría del camino iba a ser por arena y nos resultaba más cómodo así. Disfrutamos del atardecer paseando por las calas y playas de Noja.


En el camino encontramos una construcción de la Guerra Civil, una casamata, y también hay viveros de marisco y algún cañón militar pero esos no los vimos. La noche se nos echó encima y regresamos a Torrelavega, donde estábamos alojados.


Fue una breve visita a Noja pero me gustó mucho. Me he quedado con ganas de ver todo lo que me falta y de ir preparada para realizar alguna de esas rutas en condiciones.

En su mayoría son rutas naturales pero además está la Ruta de las Casonas (unos 2 km. aproximadamente), que recorre el Palacio del Marqués de Velasco, el de Albaicín y diversas casonas como la de Assas o Arnaiz.


Me gustaría saber si vosotros habéis ido a Noja, qué os parece, qué visteis, si no la conocíais, si tenéis pensado ir próximamente… Os animo a comentar y a contarme vuestra opinión :)


¡Hasta la próxima viajeros! 

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Santoña, de ruta por el Fuerte de San Martín

17 noviembre 2013

¿Qué es lo primero que se os viene a la cabeza si digo Santoña? Debe ser que yo tengo fijación con la comida (como con las berenjenas de Almagro) porque a mí… ¡me recuerda a las anchoas!


Dejando a un lado las anchoas, vamos a ver qué más hay en la villa marinera de Santoña. Para empezar, si vienes desde Laredo vas contemplando las marismas a los lados de la carretera. Esto es un parque natural que abarca unas 4.000 hectáreas y donde podemos observar unas 120 especies animales, aves en su mayoría. Yo solo lo vi de paso en el coche, por lo que no pude apreciar esta diversidad animal.


Llegamos al pueblo y aparcamos al lado del puerto. El Paseo de los Salazoneros Italianos es el camino que discurre al lado del puerto y donde hay un mirador muy chulo construido como si fuera la proa de un barco. En uno de los extremos del paseo está la plaza de toros (inaugurada en 1907), que tampoco me llamó excesivamente la atención.


Cogimos de nuevo el coche y fuimos hacia la zona de playa. Por ahí era más difícil aparcar pero lo conseguimos. Intenté encontrar la oficina de turismo pero no lo conseguí, no venía muy bien indicada en los carteles y a la gente que pregunté no me supo decir. Así que fuimos dando un paseo a ver qué descubríamos.


Así llegamos al Monte Buciero, donde hay unas cuantas sendas para hacer. Nosotros optamos por subir al Fuerte de San Martín. Esta fortaleza fue construida en el siglo XVII, o al menos la primera mención es de ese siglo. Después ha sido reconstruido en varias ocasiones y ahora se conserva bastante bien. Es posible pasear por caminos del fuerte y por el interior, e imaginar los ataques que se planeaban y/o evitaban desde allí.





El Fuerte de San Martín no es el único que se conserva en Santoña: también está el de San Carlos (el más antiguo de la localidad) y el de Napoleón, cuya construcción fue dirigida por el mismísimo emperador francés. Los tres fuertes ostentan el título de Bien de Interés Cultural.

En la subida por el fuerte de San Martín encontramos una virgen en lo alto de la montaña. Con unos 10 metros de altura se alza imponente una estatua de la Virgen del Puerto, patrona de la ciudad. A ella se la dedica el 7 de septiembre una procesión por la villa santoñesa.



Esta es la parte más “natural” de Santoña. Pero si sois más de ver monumentos también tenéis alguno. Por ejemplo el Palacio del Duque de Santoña, un edificio del siglo XIX que no vi y donde en su interior se encuentra (¡tachán!) la Oficina de Turismo. Otro Palacio es el de los Marqueses de Chiloeches, un par de siglos más antiguo que el del Duque y que fue hospital militar durante la guerra civil.

Antes de acabar mi post sobre esta localidad cántabra os contaré una curiosidad. ¿Sabíais que el primer hombre que realizó un mapamundi es de Santoña? Pues sí, se llama Juan de la Cosa y en 1500 dibujó sobre un pergamino la representación más antigua que hoy se conserva del continente americano.

Con esto y un bizcocho, hasta otro día a las ocho. Espero que no pase tanto tiempo entre post y post que os echo de menos.


¡Un saludo viajeros!

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Laredo: rabas, playas y paseos

02 noviembre 2013

Abandonábamos Castro Urdiales sobre las 14,30 h., con el estómago rugiendo pero con ganas de comer en Laredo, nuestra próxima parada. Cristina, del blog Viaja en mi mochila, me había recomendado comer unas rabas en su tierra y no podía dejar pasar la oportunidad :)

Después de pasar por un bar donde nos hicieron esperar 15 minutos para nada, solo nos decían “ahora mismo preparamos la mesa”, acabamos en la Bodega el Mariscal, un sitio que estaba bastante bien.


Con la tripa llena fuimos a por un plano a la Oficina de Turismo y nos dijo que había un par de visitas guiadas gratuitas: la Ruta 1, por el Laredo Monumental y la Ruta 2 por el Laredo Natural. Ambas me llamaron la atención pero queríamos ver más sitios ese día y si nos apuntábamos no nos daría tiempo. Para otra vez será.

Miramos el mapa turístico y nos montamos la visita por nuestra cuenta. Lo primero que hicimos fue buscar el Túnel, un pasadizo que nos lleva atravesando la montaña hasta el Canto de Laredo, una calita donde hacía un viento que te llevaba volando.



Después de ventilarnos en el Canto de Laredo, volvemos a atravesar el túnel y vamos a donde está el ascenso a la Atalaya, donde está el Complejo Fortificado de El Rastrillar. A mí eso de complejo fortificado con miradores naturales me sonaba genial, y de hecho fue un paseo agradable, pero me esperaba otra cosa. Los miradores no son muy espectaculares, y de los polvorines y baterías no se conserva más que el hueco donde estaban emplazados.




Cuando se acabó la ruta (sencilla y agradable, para toda la familia) bajamos y pasamos a ver la iglesia de Santa María de La Asunción, que costaba 1 euro. La iglesia fue construida en el siglo XIII y es la principal de Laredo, con unos 1.500 m. de planta más 500 m. de la sacristía, ¡casi ! Confieso que me gustó más la iglesia de Castro Urdiales, y que además fue gratis.


Como os he dicho, Santa María de la Asunción es la principal iglesia… Pero no la más antigua. Ese título se la lleva la Iglesia de San Martín, de 1068. En cuanto a edificios religiosos, nos quedaría por ver el Convento de San Francisco, del que solo pude contemplar la entrada.

¿Qué más tenemos en Laredo? Por toda la villa marinera encontramos casonas y palacios como el de José de Zarauz, de Felipe Manuel de la Mar Libarona o de la familia Gutiérrez Carriazo, personajes ilustres que vivieron allí (por ejemplo, uno de la familia Gutiérrez fue caballero de Santiago).


Hablando de personajes importantes, la villa dedica un centro temático cultural y una escultura al Emperador Carlos V, que en 1556 desembarcó en Laredo para iniciar su camino hacia el Monasterio de Yuste, donde pasó sus últimos días. El precio de la visita al centro de interpretación es de 1€. Además, desde 1999 tiene lugar la fiesta de Carlos V, donde se escenifica el último desembarco y Laredo se transporta al siglo XVI.


Sí, sí, ya voy… Que estoy hablando de fiestas y la que tú quieres saber es la de la Batalla de Flores, ¿verdad? Yo no tuve la suerte de presenciarla porque para entonces yo ya estaba de nuevo en Madrid, pero es una de las fiestas más espectaculares de la zona. De gran atractivo turístico, esta particular batalla tiene lugar el último viernes de agosto y durante horas, las carrozas desfilan mostrando su belleza floral. Como os digo, yo no la pude ver y me tuve que conformar con cotillear la exposición que tenían en el Ayuntamiento :)


En definitiva, merece la pena dedicar al menos un día a Laredo, mejor si es un fin de semana. Así, además de visitar todo lo que os he contado –y más cosas que me dejo por el camino, seguro-, podréis disfrutar de los casi 9 km. de playas de la ciudad cántabra. Y para despedirme hasta el próximo post, os dejo con una foto tomada desde el Mirador del Hotel El Risco (recomendación de Cristina, gracias de nuevo). ¡Nos leemos!


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Descubriendo Castro Urdiales

27 octubre 2013

El día prometía: hacía un sol espléndido (de ese que no te crees que vayas a ver cuando vas a Cantabria) y la temperatura era agradable. Cogimos el coche y nos pusimos rumbo a Castro Urdiales, una ciudad que está ya lindando con el País Vasco.

Cuando llegamos nos desesperamos un poco aparcando: toooodo era zona de estacionamiento regulado y toooodo estaba hasta arriba de coches. Por fin encontramos sitio fuera de la zona de pago y aparcamos. El calor ya apretaba y buscamos la sombra para llegar hasta el centro, donde queríamos informarnos de horarios y precios en turismo.

La oficina de turismo se encuentra en la Avenida Constitución, al lado del Parque Amestoy. Pasamos y nos hicimos con un plano. Nos informó muy bien y nos dijo que a las 17 h. salía una visita gratuita desde la zona de la oficina de turismo (no recuerdo exactamente qué punto y recomiendo consultar antes de ir si os interesa). Como a esa hora queríamos estar en Laredo, decidimos hacer por nuestra cuenta la ruta monumental de Castro Urdiales.



Contemplamos de lejos la Iglesia de Santa María, el Castillo-Faro y la Ermita de Santa Ana, que se juntaba con el paisaje de la dársena del puerto. Un conjunto monumental que no puedes perderte si vas a Castro. Os contaré de qué va cada sitio, adelantándoos que todos son gratuitos :)

La Iglesia de Santa María se puede visitar en horario de culto (según la web), y cierra (según turismo) de 13 a 16 h., por lo que es el primer sitio al que pasamos. Es la primera iglesia de estilo gótico de la zona, y me pareció muy bonita tanto por dentro como por fuera. Cuando avance más en mis estudios de historia del arte os contaré más cosas jejeje.



Como curiosidad, los arcos tirantes que hay en la nave central no fueron colocados por gusto, sino que se vio peligrar la estabilidad de la iglesia y decidieron ponerlos para asegurarla. Aquí está Santa María La Blanca, la patrona de Castro que apareció emparedada.

La siguiente parada fue en el Castillo-Faro, también de estilo gótico aunque reformado en varias ocasiones. Está abierto al público de 11 a 13,30 y de 18 a 20 h., al menos cuando hay exposiciones en su interior. Yo cuando fui pude ver la exposición “Castro Urdiales 1813”, que finalizó el 15 de septiembre. El castillo está muy bien adaptado para personas en silla de ruedas, se puede acceder mediante rampas y ascensores a cualquier lugar visitable. En el interior del castillo se construyó el faro en 1853, lo que le hace uno de los más antiguos de la zona. Su ubicación es estratégica para que los que allí vivían pudieran huir por mar en caso de ataque.


Por último pasamos a la Ermita de Santa Ana, curiosa porque está situada en un peñasco y parece salir directamente de la roca, como si hubiera crecido ahí. Actualmente es un centro de interpretación, y aunque el edificio es nuevo, fue construido sobre los cimientos de otras construcciones anteriores. Al pasar, podemos ver el suelo de cristal y contemplar los trabajos arqueológicos. En mi plano turístico tengo apuntado que las horas que está cerrada al público son de 14 a 18h., pero en la web he leído que en la temporada de otoño-invierno estará cerrado, así que de nuevo recomiendo informarse bien porque estas cosas varían según la temporada.



Para llegar hasta la Ermita hemos tenido que pasar por el Puente Romano. Lo que más me llama la atención del puente es que deja una parte de agua “estancada”, al menos a la vista lo parece. Sin embargo, la fuerza del mar debe entrar por alguna parte porque rompen las olas allí dentro, y si te quedas por un mal sitio… ¡Te puedes llevar un buen salpicón!

Para salpicones el que te puedes llevar en el Rompeolas, un camino artificial que sale desde la Ermita de Santa Ana y penetra en el mar para que se pueda pasear. Por allí la gente está tirada tomando el sol e incluso saltando al mar y refrescándose, aunque no sé si eso es del todo legal… Desde luego que con el calor daban ganas…


Al lado del paseo marítimo y cerca del conjunto histórico de la iglesia y el castillo está el Ayuntamiento, un edificio del siglo XVI que resulta muy original con los arcos en la parte de abajo y acabado con un torreón como de castillo, este último añadido en el siglo XIX.



Esta es la ruta histórica por Castro Urdiales, una ciudad construida sobre la romana Flavióbriga. Por nuestra parte, emprendimos el camino de vuelta al coche, ya que como os he comentado ese día nos esperaba también Laredo y no queríamos que se hiciera tarde. Fuimos paseando por la zona de la playa de Ostende y pude ver por fuera el edificio de la Escuela de Música, que era el antiguo matadero municipal.

¡Nos vemos en Laredo!


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